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Ilustración: Díaz-Canel señalado.

En medio de la pandemia, la Seguridad del Estado se ha mantenido operando en las calles cubanas. Lejos de respetar las órdenes de distanciamiento y aislamiento para evitar la propagación del Covid-19, se ha mostrado muy eficiente en el hostigamiento a periodistas independientes, activistas y otros miembros de la sociedad civil.

El ensañamiento de las fuerzas represivas, bajo las órdenes del ministro del Interior, Julio César Gandarilla, subordinado de Miguel Díaz-Canel, ha sido notable con las mujeres. Así lo evidencian casos como los de las periodistas Mónica Baró y Camila Acosta, o el de la activistas Aimara Peña González.

Es el modo perfeccionado en la represión contra las Damas de Blanco, coincidieron tres mujeres entrevistadas por DIARIO DE CUBA, que han sufrido el machismo y el acoso por intentar participar en la vida política del país.

“En la última semana sufrí un arresto. Creo que eso de ser mujer influye, porque los policías intentaron forcejearme, me arrestaron hombres, y el trato que recibe una mujer que un hombre siempre es diferente”, dijo Aimara Peña González.

Peña y su esposo fueron detenidos en una cola. Él fue acusado de “propagación de epidemias”. Ella insistió en acompañarlo y tomaron represalias en su contra.

“A mi esposo lo llevaron a la unidad y lo multaron. A mí no, a mí me metieron en una oficina. Conmigo usaron un trato diferente, más frontal. Toda la presión fue ejercida sobre mí. El miedo siempre está ahí, siempre estuve rodeada de hombres, mucho más grandes, más fuertes, intimidantes; la conversación fue siempre amenazante. Una se siente en desventaja, aunque intente no transmitirlo”, explicó.

La activista ha reclamado que, si la van a arrestar, “debería hacerlo una mujer, el procedimiento debería estar a cargo de una mujer”.

“En la situación actual todos estamos bastante nerviosos, todas las partes. No hay capacidad para solucionar un problema que nos supera. Creo que la Policía y las fuerzas del Estado se han excedido. Con el mecanismo que se está usando, prácticamente están abusando del derecho de la gente, están reprimiendo a todos sin prácticamente motivos, sin hacer una educación sobre lo que se está viviendo”, consideró.

“La represión contra los que publican en redes sociales y ejercen su libertad de expresión ha sido muy violenta”, señaló. Mencionó las multas impuestas con la utilización del decreto-ley, el 370, otra herramienta contra la libertad de expresión. 

“Se trata de intentar ocultar lo que realmente estamos viviendo en Cuba, donde la población está desesperada, no hay los recursos necesarios para enfrentar una pandemia”, dijo Peña.

Violencia para aplastar la participación en la vida pública

Marthadela Tamayo, de la Red de Mujeres por la Igualdad, vinculada al Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR), también ha sufrido interrogatorios y represión de agentes de la Seguridad del Estado. 

“Como mujer he sentido el machismo de ellos hacia mi persona, y la misoginia”, afirmó.

Tamayo aseguró haber sentido temor en estos días, aunque aclaró que su mayor momento de terror lo vivió hace ya cuatro años, el 13 de mayo de 2016, cuando participaba en la iniciativa ciudadana #Otro18 en su provincia, Holguín.

“A altas horas de la madrugada fui bajada a la fuerza del ómnibus en el cual viajaba para ir a ver a mi madre y a mi hijo desde La Habana, y fui conducida por cinco hombres, tres agentes de la Seguridad del Estado y dos policías uniformados”, aseguró.

Tamayo estuvo más de 48 horas en el centro de instrucción penal en Holguín, conocido como Pedernales.

“Allí fui bastante humillada por todos los hombres que llevaron la detención y recuerdo perfectamente que uno de ellos (se hacía llamar Fredy), cuando intenté coger el móvil del bolsillo de mi pantalón al bajarme del ómnibus, me pegó un golpe muy fuerte en el cuello y me introdujo en la patrulla para impedirme que avisara a mi familia. Me quitó el teléfono, que nunca más me fue devuelto”, recordó.

“Siempre he denunciado estos procedimientos, arbitrariedades y abusos que cometen estos represores hacia las y los activistas y defensores de derechos humanos, y principalmente cuando abusan de una por ser mujer, cuando somos violentadas por el solo hecho de querer participar de la vida pública de nuestro país”, sostuvo.

Para Marthadela Tamayo, “cada día aumenta más la represión”. Pone como ejemplo “todos los informes y estudios recientes que indican que la violencia política hacia las mujeres periodistas y activistas defensoras de derechos humanos va en crecimiento”.

“Y como vivimos en un país donde no existe una ley de género que nos proteja, pues se siguen cometiendo estos abusos”, lamentó.

Miedos tangibles

En esta misma línea, la activista feminista Marta María Ramírez aseguró a DIARIO DE CUBA que lleva “bastante tiempo denunciando que la violencia política tiene matices de género”, aunque consideró que “es un tema bastante difícil de demostrar”.

“Aparentemente, estamos en igualdad de condiciones. Por ejemplo, a nuestros colegas periodistas los amenazan con sus hijos, a nosotras también, pero cuál es el rol de cada quién dentro de una familia (…) No es lo mismo citar a un padre con un bebé pequeño que a una madre amamantando a un bebé pequeño. Hay una diferencia importante”, señaló.

Recordó que ella fue interrogada varias veces en momentos muy delicados de su vida. “Me citaron con ocho meses de embazado y me citaron cuando Nina tenía aproximadamente siete meses y medio”.

“Tiene que haber definitivamente dentro de los interrogatorios signos de esta violencia policial machista. Las mujeres estamos muchas veces en estados de mayor indefensión porque, además, no hay leyes en Cuba que protejan de la violencia machista. No hay a quien denunciar”, sostuvo.

“Desde el embarazo recibí una amenaza anónima telefónica a mi integridad. No sé de dónde vino, no tengo la menor idea, ni tampoco hay leyes para reclamar ante esto. Lo único que puedes es denunciarlo en redes, buscar amparo de la gente para ti y para tu hija, y nada más”, agregó.

“Conmigo empezaron desde principios del embarazo y a partir de una columna periodística que llevaba. Resulté bastante agredida en los comentarios de esa columna”, rememoró.

Para Ramírez, Cuba es “un país que se resiste al debate sobre el patriarcado, el machismo y sus consecuencias reales sobre las vidas de hombres y mujeres, y de todos aquellos que no quieren estar en esas dos categorías”.

“Proponer otro modelo resulta políticamente incorrecto. Todo es políticamente incorrecto aquí en Cuba, y no solo para el Gobierno y las estructuras de la Seguridad de Estado. La indefensión está por todos lados”, reflexionó.

“Creo que el mayor signo de esto que hablamos es la escasa participación política de las mujeres en la vida pública cubana. Habría que contar cuántas activistas mujeres hay y cuántos hombres”, propuso.

“He sentido miedo, he empezado a vivir desde mi perspectiva una Cuba en la que miro por encima del hombro, en la que trato de tener cierto acompañamiento para salir a la calle, en la que protejo a mi hija de muchas maneras. Pienso y me adelanto en formas de protegerla para el futuro”, dijo.

“También tengo mucho miedo de la Cuba que se proyecta. Esta experiencia de escribir sobre mi embarazo o ahora esta Bitácora para Nina escrita en DIARIO DE CUBA me ha revelado que esa Cuba que se proyecta democrática tampoco nos incluye”, lamentó.

“Hay personas anónimas, fundamentalmente hombres, agrediendo a alguien. Hombres que salieron de madres haciendo purés, demeritando eso, se burlan de eso. La verdad, la Cuba que se proyecta, no creo que tenga muchas más garantías para las mujeres en general, y para las mujeres como yo”.

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