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¡Casos clínicos que quitan el hipo!

¡Pasen, pasen y vean lo más esperpéntico del año! ¡Casos clínicos que quitan el hipo! ¡Indecencias que no deben ver los niños! ¡Seres venidos de otro planeta! ¡Las peores pesadillas del año que se esfuma! ¡Los mayores descaros!

Gráfica de Alen Lauzán
DDC 

Mariela CastroSe acabó, por fin, la disimuladera. Se acabó eso de coincidir en el mismo lugar —la Asamblea Nacional—, entre gente —focas de circo registradas como diputados—, y disimular, y no reconocerlo de una vez y para siempre.

Se acabó ya que ese amor no se atreva a decir su nombre, no se atreva a gritar hacia la tribuna las dos sílabas que constituyen esa palabra, ese principio elemental que él le enseñara un día, tomándole su índice de bebé y llevándolo hasta apuntar su pecho de general tan condecorado, para hacerle repetir: Pa-pá.

Desde el estreno radial de El derecho de nacer no había recogido un micrófono cubano declaración filial tan conmovedora. Así que Félix B. Caignet, con todo respeto, por esta vez usted se quedó corto. Esto sí que es derecho de nacer, estas sí que son frutas del Caney, mermelada de mango en una lata con el borde oxidado.

Mariela Castro Espín, diputada, se presenta en esta Asamblea Nacional del Poder Popular para, en pleno goce de sus derechos de diputada, pedir a la asamblea reunida que le permita abrazar a Raúl Castro Ruz o a Raúl Mirabal Ruz quien, bajo cualquiera de estos dos nombres, reconoce ser su padre.

Aduce la compañera Castro Espín que lo del abrazo tiene que ser ya, que no se aguanta, que se siente con la vejiga repleta de cerveza en medio de los carnavales y sin caseta de baño donde poder evacuar. Que se mea en la primera esquina que encuentre, aduce la ciudadana diputada, porque no puede aguantar más el deseo de abrazar a su padre, que es como si se le hubieran sumado en un solo instante todos los Días de los Padres de su vida, y que si no le ponen delante al general Raúl ella se enrosca en una estatua de Carlos Manuel de Céspedes, que es también padre suyo por ser Padre de la Patria, o se aferra a Félix Varela, padre también como sabemos.

Pero, a todas estas, ¿qué hace el resto de las focas de la Asamblea? Las focas se sofocan, trepadas en sus butacas empiezan a vociferar los lemas más queridos, aguantan como pueden el deseo de abrazar al general, deseo irreprimible en cada uno de los diputados de ser también hijo o hija suya, de quedar envuelto en sus brazos conductores de ejércitos hacia la victoria.

“¡Son padre e hija! ¡Son padre e hija!”, chillan las focas.

Emocionada hasta las lágrimas, Mariela reconoce que él la enseñó a amar la Revolú sin abandonar a la familia y a la familia sin abandonar la Revolú. Enseñanza a todas luces clave desde que el fundador de la dinastía formulara: “Dentro de la Famiglia, todo; contra la Famiglia, nada”.

Al fin se entiende por qué Mariela es la directora del CENESEX, por qué defiende que los médicos cubanos vayan y vuelvan de la Isla en barcos negreros, y que la gente LGTBI tenga que estar contenta de que no se haya legalizado el matrimonio picha-picha y chocho-chocho.

Mariela hace todo esto porque es hija de Raúl, porque nació del abrazo de ese padre.

Alicia Alonso

Si desde hace tiempo existe tremenda trabazón a la entrada del Cementerio de Colón, si la cola no camina a pesar de que todos los turnos están dados, buena parte de la culpa recae en Alicia.

En la Alónsova, Prima Dittadora Assoluta, inventora del tutú con pamper.

Está en la cola ella y, cuando le toca el turno de entrar, se aferra con cada una de sus extremidades a las puertas del Colón (el cementerio habanero, no el teatro bonaerense) con la flexibilidad de Spiderman y la fuerza del increíble Hulk.

¿Quién puede conocer mejor lo que es dar un paso en falso y hacia el vacío que una vieja bailarina ciega? A Narízova Alonso no hay quien le haga un cuento. Se empeña, por tanto, en variadas triquiñuelas evasivas. Como esta otra: que faltándole ya poco para ser llamada en turno, pide a alguien que le cuide el puesto pues tiene que ausentarse un momentico para cancelar un sello postal o inaugurar el último festival de ballet. Cae entonces el inocente que aceptó cuidarle el turno y escapa ella de nuevo.

Para su última fuga le sirvió la cancelación de un sello postal que homenajea a la sociedad Pro-Arte Musical, donde ella bailó su primer solo. El sello habría podido conmemorar la ocupación de La Habana por los ingleses o la boda de Hatuey y Guarina, hechos de los cuales también ella fue testiga.

Ya a inicios de este año su guilletén fue la inauguración de una estatua suya en un descanso de la escalera del teatro que lleva su nombre. La estatua la representa como al Caballero de París pero con el pelo recogido, afeitado el rostro y con una pierna levantada, intentanto meterle la punta de la zapatilla a quien se equivoque subiendo la escalera.

Para febrero próximo tiene una nueva excusa: el Instituto Latino de la Música la premiará como Estrella del Siglo.

La pregunta es: ¿de qué siglo?

Edmundo García

¿Se acuerdan de él?  Salía en aquel programa picúo de televisión, “De la Gran Escena”, donde hacía pareja de presentador con Vicky. Vicky y Edmundo eran la parejita de muñecos de un cake de boda. Cada uno en su butaca, se mostraban uno al otro los erizamientos de antebrazo que le producía, por ejemplo, Andrea Bocelli, rey de la melcocha operática.

Edmundo, en su incultura, metía allí la pata de lo lindo.

Luego pasó a Miami, a hacer unos programas radiales anticastristas y, cuando le cortaron el financiamiento, abrió tenderete radial en la acera de enfrente (enfrente, pero todavía sin salirse de Miami), y se volvió antianticastrista.

Igual que se erizaba escuchando a Bocelli, ahora se erizaba de pensar en lo heroico que resultaba él mostrándose tan defensor de Fidel Castro y de la Revolú en Miami. Era el pastel de guayaba interpretado con una receta bien distinta a la del bakery del Versailles. El pastel de guayaba horneado por unas agencias de viaje miamenses conchabadas con La Habana.

Pero, ay, las mulas encontraron vías más expeditas para volver a la Isla, se le acabó a dichas agencias el monopolio del tráfico, y venga otra vez Edmundo a quedarse sin micrófono delante. ¿Qué le quedaba entonces, sino hacer las maletas y partir hacia Castrolandia? Repatriarse, repatearse. O para decirlo con palabras del Apóstol: “Dos repatrias tengo yo, Recúba & la requetenoche”.

Avisó entonces Edmundo que se iba definitivamente de Miami, que se acogía a la Repatria. Pero han bastado unos pocos días para que se ablande, se desdiga y empiece a matizar lo que entiende él por “definitivamente”. Así que, entrevistado por el oficialista Enrique Lagarde, avisó que conservaba su derecho a volver a Miami, y llamó a todo el mundo a repatriarse conservando operativa una buena escalera de incendios. Porque no es necesario repatriarse y vivir toda la vida en Cuba. Mejor no, eh.

¿Y su programa radial? ¿No va a hacerlo desde esa tierra de libertades que ha vuelto a acogerlo? Lagarde, entrevistador, parecía un sapo antes de explotar por la sal en la barriga, y los pedazos de sapo ahogarían a Edmundo si se bajaba con alguna alusión a lo de hacer su programita en La Habana. Edmundo iba a saber entonces lo que es erizamiento por melcocha operática.

Faltos los dos de una buena ducha y un afeitado, ambos con pinta de chivatos o de esbirros, no los une el amor, sino el espanto: será por eso que se quieren tanto. (La frase anterior es de Borges, de uno de sus boleros más sentidos.) Por lo que pudo oírse, Edmundo conserva su pésima voz para la radio o la televisión, sigue sin educar su dicción de chivichana y, en cuanto a inteligencia y cultura, no ha cambiado mucho desde sus tiempos televisivos junto a Vicky. Da igual Bocelli o Raúl Castro, él dirá entusiasmado: “¡Pero qué arrebatadoramente canta este hombre!”

Raúl Torres

Otro a quien la dieta de micrófono out of Cuba le hizo descubrir que en realidad él es un hijo de la Revolú, que es decir un hijo de Fidel y de Raúl. Así que luego de dedicarle un par de temas al primero, se apeó este año con tema para el segundo, intitulado “El último mambí”.

Dentro de esa institución que en sus orígenes se llamó el Movimiento de la Nueva Trova (MNTV) y actualmente es conocida como AMNVABET (A Mí No Vayas A Bajarme Esa Trova), Silvio Rodríguez y Pablo Milanés cantaron a la Revolú bajo la forma de una era que se ponía de parto y una gloria que se había vivido. Raúl Torres, cuando llegó su turno, no iba a perder su tiempo en eras ni glorias. Lo suyo es chicharronería directa: digánme dónde esta el jefe y de cuántos pares de botas por lambear estamos hablando.

Así que no contento con lanzar este año su hit para el papá de Mariela, apenas supo del desastre del vuelo de Cubana se apuró a conocer a los familiares de las víctimas para endilgarles un tema que la crítica musical de Cubadebate ha calificado de “poema canción”.

Hacia el final de esa cosa o pieza, se le oye al cantautor: “Tal vez un día entendamos por qué nos arrancaron de cuajo el amor”.

Pero, por favor, que no vayan a entenderse sus palabras como una reclamación a lo que puedan arrojar las cajas negras del avión. Nada de eso. Si Raúl Torres deja por una vez de cantarle a los amados líderes, no deja de estar a su servicio. Lo suyo es embarajar con mala poesía la responsabilidad de la aerolínea estatal, los jefes de la aerolínea y los jefes de esos jefes, hasta llegar al “último mambí”.

Rafael Serrano

Declama un editorial de Granma y lo que le pone es melao. Luis Carbonell era un niño de teta.

¿Pastor Felipe recitando a Neruda? ¿Aquel otro locutor del rinconcito poético de “Actividad Laboral”? ¿La gordita de La Colmenita que le cayó en gracia al hermano presidente Chávez? ¡Todos esos son nada!

Serrano tiene la velocidad discursiva de Hassán Casabona, la lacayunidad de Eusebio Leal y es portador de un bigote que convence.

Serrano emociona. Quienes escuchan en su voz un comunicado oficial saben que las nuevas medidas van a partirlos por el eje, pero todo eso vendrá después y lo que toca ahora es gozar de la emoción que le pone Serrano.

Él convierte en terciopelo acariciante la enumeración de las barras de hierro de una cárcel. Y en cuanto a indignación, cada vez que habla del imperialismo yanqui hay que amarrarlo a la silla y la mesa del noticiero para que no le salga al paso a lo que pueda estar pensando el camarógrafo de turno.

En su vida existe, sin embargo, un punto débil, y es que en cuanto empieza a desteñírsele el bigote, tiene que darse un saltico a Miami. Van pasando los días y se produce dentro de él, en su persona, una disyuntiva tremenda. No lo abandonan las sempiternas ganas de meterle una patada por la cabeza al de la cámara, pero a la vez sabe que tiene que poner a salvo su bigote.

Lee la posición del Gobierno sobre determinado fenómeno y, cuando  menciona a Estados Unidos (que siempre hay que mencionarlo), lo que el cuerpo le pide es sangre. Sangre le pide el cuerpo, pero el bigote, el bigote lo que le pide es tinte. Tin-te.

Y en tanto se muestra capaz de recitar con total convicción el comunicado que le llega del Palacio de la Revolución, su imaginación viaja por la Avenida Boyeros, el Aeropuerto Internacional José Martí, el Miami International Airport y todas las express ways hasta llegar al primer mall y dejar allí que su bigote chupe y beba.

Silvio Rodríguez

Como ya ha tenido una discográfica y un estudio de grabaciones, este año le dio por una editorial literaria: Ojalá. Ojalá nunca lo hubiera hecho.

Presentó dos tristes títulos en la Feria del Libro de La Habana y Granma pronosticó que esos libros harían época. Ni Rubiera el meteorólogo en su peor día pudo predecir peor. O a lo mejor Granma se refería a esa tienda destruida por el tiempo revolucionario, “La Época”, tal como está, hecha leña.

También este año se le vió a Silvio como ecologista presidente de la Fundación Ariguanabo, en gestiones por las aguas del río de su natal San Antonio de los Baños. Opinó (no demasiado mal, dado su historial) sobre el proceso contra Ariel Ruiz Urquiola y sobre el Decreto 349. Aunque al final no podía dejar de ser él, y cuando alguien vino a preguntarle por las UMAP, intentó quitarle importancia a la cuestión.

No lo arredró practicar el derecho brasileño hasta asegurar que Lula da Silva es inocente de todas las acusaciones que se le hacen. Y, por seguir en lo internacional, se le vio de vacaciones junto al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y un presidente regional español. Vacaciones arqueológicas, no por lo antiquísimo de los tres, sino porque andaban por Palenque, México.

Silvio aseguró que la presidencia de López Obrador sería “una sinfonía” para América Latina. Y, más allá de la música, se extendió en esta consideración al ser preguntado acerca de Miguel Díaz-Canel: “Tengo la sensación de que, en la medida en que se ha ido haciendo presidenciable, se ha ido poniendo rígido”.

Editor, ecologista, jurisconsulto, arqueólogo y amigo de presidentes, Silvio Rodríguez demuestra con esta última frase ser también un avezado fisioterapeuta. No obstante, lo mejor suyo de este año fue que no molestó al público con nuevas composiciones cantadas con esa voz suya que Dios le dio y que el tiempo ha madurado.

Alejandro Castro Espín

Con esos dos apellidos tendría que ser hermano de Mariela, ¿no? Y si es hermano de Mariela y con sus mismos apellidos, tendría también que ser hijo de Raúl Castro, ¿no? Eh, y si es así, ¿por qué él no corrió también a abrazar a su papá en medio de la Asamblea Nacional, para solaz y esparcimiento de las focas diputadas?

Porque está castigado, así de sencillo. Porque se portó mal, se puso majadero, no oyó a los mayores. Se bajó los pantalones delante de la visita. Se sacó el ojo de vidrio y lo puso sobre el mantel.  Así que está de penitencia. Por niño malo, por te-lo-dije-que-caquita.

Porque él y sus secuaces dedicaron horas de trabajo a fundirle el oído y freírle el cerebro a un puñado de diplomáticos yumas y canadienses. Y si no fueron ellos, entonces peor, porque dejó que le jugaran cabeza. A él, al hijo contrainteligente del general Raúl Castro.

No es un secreto que su papá lo perdonará a la larga. ¿Acaso no ha perdonado el rey de Arabia Saudita a su hijo involucrado en el asesinato de un periodista dentro de la embajada saudita en Turquía? En comparación con esto, lo del príncipe cubano fue más limpio, sin reguero de sangre. Y nunca dentro de una embajada de Cuba.

Diplomáticos del castrismo

En la ONU dejaron bien en bajo el nombre del Gobierno que representan. Manoteo, gritería, todos los prolégomenos del acto de repudio. Si esta gentuza es la diplomacia del régimen, no querramos imaginar a la tropa que responde al mando de Alejandro Castro Espín, los miembros del actual Comando Piyama.

Elián González

Mejor no dedicarle ni una línea a lo que este konsomol soltó acerca de la contentura que su madre muerta tendría por verlo residiendo en Cuba. Mejor atender a otra de sus orfandades, la de Fidel.

Y si Silvio Rodríguez es editor, Elián es numerólogo o algo por el estilo. Se hizo evidente en una entrevista aparecida en enero en el diario villaclareño Escambray: al mencionar los lazos que lo unían al difunto comandante en jefe, él hizo notar que un 25 de noviembre coincidieron tres hechos históricos. El primero, la salida del yate Granma hacia Cuba. El segundo, el fallecimiento de Fidel. Y, por último, fue un 25 de noviembre cuando a él, siendo niño, lo salvaron de ahogarse en el mar.

Tal triple coincidencia hizo que Elián accediera a lo poético y, en ese plan, se refirió a “la partida del comandante en el plano físico”.

“Lo veo como Dios”, dijo del finadito.

Con tanto espiritismo en el ambiente, no es casualidad que tomaran al konsomol por médium. Así, hace unas semanas, celebrándose su cumpleaños, Miguel Díaz-Canel le dirigió en público unas felicitaciones que iban menos dirigidas a él que al líder fallecido. Y es que cualquier pretexto es bueno para darle otro pase de lengua al Moco de Santa Ifigenia.

Miguel Díaz-Canel

2018 hizo de este señor un presidente y un tuitero. Lo cual significa, en el fondo, que ni una cosa ni la otra. Porque el papá de Mariela sigue siendo primer secretario del partido y porque los tuits se los escriben otros. No obstante, empecinado en parecer un verdadero presidente y un verdadero tuitero, él promete la inauguración de un programa televisivo, una página web y un canal de YouTube para hacerse llegar al pueblo.

Sería un “Aló, Presidente”, pero con interrogación: “Aló, ¿Presidente?”. Un canal donde no solamente meta baza él, sino donde su esposa ofrezca a las federadas cubanas consejos de belleza y trucos para resaltar con un discreto vestuario. Un tuiter donde cada cubano que cumpla años, y no solamente Elián, sea felicitado con el fin final y ultimado de felicitar al Comandante en Jefe. Un programa de televisión donde, lo mismo que en aquella fiestecita en Nueva York, Miguel y Lis sean como Maduro y Cilia bailando su casinito rico ahí.

Son muchas las iniciativas y tareas que se le plantean al compañero presidente. Iniciativas y tareas que el compañero presidente está dispuesto a desempeñar, no importa la rigidez que le menoscabe su cuerpo.

Este ha sido el año en el cual se descubrió la paternidad de Raúl Castro. Ya el anterior había girado en torno a la paternidad, aunque por la llorada pérdida del hermano mayor de Raúl. Ojalá 2019 nos traiga una nueva problemática paterno-filial donde Mariela y Alejandro no encuentren ya a quién abrazar como padre vivo y la cuestión se reduzca (o amplíe) a qué hará Díaz-Canel con ese par de hijos que no lo son ni de él ni de Lis.

Lo malo, sin embargo, es que habrá que soplarse a Miguel Díaz-Canel por televisión, Twitter y YouTube.  A Miguel Díaz-Canel en toda su rigidez.

¡Solavaya, solavaya!

Y se fue el año, gente.

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