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El Gobierno cubano acaba de negar en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que haya presos políticos en la Isla.

‘Me colgaban de la puerta de la celda por las manos esposadas y así me tenían horas’

Mario Alberto Hernández Leyva. (B. GONZÁLEZ ARENAS)
DDC
Boris González Arenas | La Habana | 6 de Junio de 2018 

El Gobierno cubano acaba de negar en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que haya presos políticos en la Isla. Es una declaración rutinaria, que suele ir acompañada de otras negaciones, como la existencia de tortura, represión e incluso defensores de derechos humanos independientes.

Pero historias como la de Mario Alberto Hernández Leyva (Banes, Holguín, 13 de noviembre de 1968), vicepresidente del Movimiento Opositores por una Nueva República (MONR), contradicen una y otra vez ese discurso.

En mayo de 2014, en medio de las negociaciones secretas que culminaron con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington, Hernández Leyva fue recluido sin juicio en la prisión de Valle Grande. Salió el 8 de enero de 2015, como parte de los 53 presos políticos puestos en libertad a manera de intercambio por los tres agentes del grupo de los cinco espías que continuaban presos Estados Unidos.

Meses después volvió a la cárcel, condenado a tres años, por organizar protestas públicas en el aniversario 21 del Maleconazo. Esa convocatoria consiguió una movilización considerable en la calle habanera de Galiano.

En esta entrevista, Hernández Leyva cuenta golpizas y otras torturas que sufrió en varias cárceles por las que pasó entre finales de 2015 y diciembre de 2017.

¿Para dónde te llevan inmediatamente después del juicio?

Para la prisión de Valle Grande. Allí yo hice un movimiento de derechos humanos con el que programé ayunos y huelgas. En vísperas de la llegada del presidente (Barack) Obama a Cuba, planifiqué una huelga por la libertad de los presos políticos. Éramos 38 personas.

Entonces la Seguridad del Estado me manda a buscar y me dice que tenía conocimiento de la acción, y me lleva para el Combinado del Este.

O sea, que poco antes de la visita de Barack Obama, en marzo de 2016, te llevan para el Combinado del Este

Sí. En el Combinado, yo y un periodista nos negamos a ponernos la ropa de preso y los policías nos cayeron a golpes, nos desnudaron, nos pusieron la ropa de presos y esposados nos llevaron para el destacamento. Entonces decidimos hacer una huelga de hambre por aquel abuso.

Nos llevaron para las celdas de castigo. Allí encontré a Roberto Garry, un preso que se había hecho muy amigo mío en Valle Grande en 2014. Me dice “Mario, tú sabes quién está allá arriba en silla de ruedas, Omar Reyes Mora”.

¿Quién es Omar Reyes Mora?

Es un preso que estaba en Valle Grande cuando yo entré en 2014, en el destacamento uno. Cuando él se enteró de que había un preso político allí, vino hasta donde estaba yo, me saludó, y de ahí en adelante fuimos amigos. Él tenía problemas en el estómago producto de las huelgas de hambre que hacía.

¿Qué hacían Omar y tú?

Cada vez que pasaba una inspección comenzábamos a gritar “Abajo Fidel”, “Abajo Raúl”. Me acuerdo que un día Omar me dijo “vamos para afuera Mario, vamos a empezar a gritar”. Y se acabó la inspección. Las protestas iban siempre acompañadas de golpes de los carceleros. No era fácil.

¿Y Omar está ahora en silla de ruedas?

Omar está en silla de ruedas en el Combinado del Este. Fue lo que me dijo Garry.

¿Pero él era paralítico cuando tú estabas?

No, él se atendía por lo de las huelgas de hambre, pero no era paralitico. Sí recuerdo algo con Omar que fue muy chocante. Nosotros hicimos una manifestación en el pasillo y los policías nos cayeron a golpes. A mí me llevaron con la Seguridad del Estado, allí mismo, en la prisión, y a él lo mandaron para el destacamento. Cuando regresé, a él se lo llevaban para el hospital. Se había abierto toda la barriga con una cuchilla y tenía los intestinos afuera, todo lleno de sangre. Después él me dijo “Mario, lo hice porque creía que te estaban dando golpes”.

¿De cuántos años es la condena de Omar Reyes?

Él me dijo que tenía una condena de ocho o diez años, pero él lleva unos cuantos años preso, no sé realmente. Esta vez yo no lo vi, porque en el Combinado no estuve mucho tiempo. Después de estar unos días en celdas por la huelga de hambre, me llevaron para el 47.

¿Qué es el 47?

Allí están las personas que tienen sanciones de 30 años, las cadenas perpetuas. Está en el mismo Combinado del Este, pero atrás. Es una sola planta, como un destacamento grande. Allí terminé la huelga de hambre luego de 24 días. Unos diez días después me llamaron y me dijeron “recoge que te vas”.

Y entonces vas para el Pre

El Pre es una prisión de mucho rigor. Son destacamentos separados uno a diez metros del otro. Al comedor vas por una calle y no puedes virarte a saludar a nadie, no puedes decir “¿cómo anda la cosa?”. Nada, tienes que ir con las manos atrás, sin hablar, hacer señas, nada. Yo he estado en unas cuantas prisiones, pero nunca había visto un régimen como ese.

Cuando dije que no me iba a poner la camisa de preso y que no iba a poner las manos atrás ni pararme firme, me llevaron para el Régimen, que son celdas, y me pusieron solo en la última de atrás. Allí comenzaron a esposarme parado, me guindaban de la puerta de la celda con las manos esposadas en alto y también me esposaban a la litera. No me podía agachar, moverme, nada.

Los primeros días eran dos, tres horas. Pero fueron aumentando la presión. Había días que me amarraban desde las 10:00 de la noche hasta las 5:00 de la mañana, que sentía el cantío de los gallos. Podían también amarrarme por la mañana, zafarme para el almuerzo y volver a amarrarme de 6:00 de la tarde a medianoche. Yo adopté la estrategia de orinar antes de que me amarraran para no orinarme arriba, también tomaba poca agua. Luego me cambiaron de celda, pero siempre solo.

¿Eso te lo hacían todos los días?

Sí. Entraban cinco policías y decían “Mario, ¿dónde están las manos?”. Me esposaban y me ponían la camisa de preso. Después de varias horas esposado venían y me quitaban las esposas, y yo me quitaba la camisa. Era todos los días, hasta que me fallaron los tejidos de las piernas y me tiré en la cama sin poder apoyar los pies después de dos meses. No podía ni ir a hacer necesidades, comía poco para no ir al baño. Del dolor casi no dormía. En esa condición estuve 15 o 20 días. Después, comenzaron a ponerme inyecciones, vitaminas, y pude recuperarme poco a poco.

¿Cuánto tardaste en recuperarte?

Para recuperarme del todo tardé unos cinco meses. En El Pre estuve en recuperación cerca de dos meses. Una madrugada entra un policía a la celda y me dice “Mario Alberto, recoge que te vas para La Habana, vaya te salvaste”. ¡Mentira! Me montaron en un carro con otros presos y me llevaron para la Cárcel Provincial de Holguín.

¿Cuando saliste de El Pre no te habías recuperado aún?

No, de El Pre yo salí cojeando.

¿Cómo es la Cárcel Provincial de Holguín?

Allí estuve en varios destacamentos, me negué a formar y poner las manos atrás y empecé a tener problemas con los policías. Hubo un día en que cuatro policías me sacaron del destacamento y me dijeron que me iban a meter como le metían a Orlando Zapata. Verdad que me dieron golpes.

Ah, porque en esa prisión es en la que estuvo Orlando Zapata Tamayo

Orlando empezó a desobedecer desde ahí, desde esa prisión. Había personas que llevaban muchos años allí y me hablaban de Orlando, de las cosas que le hacían. Le echaban agua, mandaban a los presos a que le dieran golpes.

Todo el mundo recordaba a Orlando como un hombre muy valiente. Los guapos de allí me decían “el único guapo aquí era Orlando Zapata Tamayo”.

¿Y allí estuviste cuántos meses?

Estuve 11 meses en varios destacamentos. Llevaba en total 22 meses en prisión. A los 15 meses me tocaba el campamento. Entonces me dicen “Mario, recoge”, y me llevan para un campamento que se llama Confianza, donde estuve 23 días. Todos los días me decían “usted tiene que trabajar” y yo les decía “yo no trabajo, yo soy un preso político”.

¿Y en qué se trabajaba?

En centros de trabajo en la calle, como albañiles, cosas así. Como yo no trabajé, parece que llamaron a la Seguridad del Estado y ellos ordenaron que me trasladaran para otra prisión de Holguín que se llama Cuba Sí. Digo que fue la Seguridad del Estado porque llegando yo, llegaron dos agentes de la Seguridad del Estado para hablar conmigo, decirme que me estuviera tranquilo.

Después los policías me dijeron “ponte la ropa de preso”. Yo les dije que no y me dieron una golpiza que me partieron la boca, me dejaron sin aire y me pusieron la ropa de preso entre los cinco policías. De allí me llevan para un destacamento donde el preso que lo representa era paisano mío y conoce amigos míos de Holguín.

¿Cuánto tardaste en recuperarte de aquella golpiza?

15 o 20 días. Allí anduve todo el tiempo con ropa blanca, me amenazaron un poco hasta que me dejaron por imposible. También tenía el apoyo de paisanos míos que eran muy respetados por los presos. En uno de los destacamentos que estuve el que estaba al frente me dijo “Mario, me llamó la Seguridad del Estado para que yo te diera una golpiza y te pusiera la ropa de preso obligado. No le vayas a decir esto a nadie, pero no te preocupes, que yo no lo voy a hacer”.

¿Qué tiempo estuviste en Cuba Sí?

Estuve tres meses, hasta que me pusieron en libertad el 9 de diciembre de 2017, un día antes del Día de los Derechos Humanos.

Estuviste preso un poco más de dos años y en ese tiempo pasaste por seis prisiones

Estuve preso dos años y dos meses. Contando el Campamento, fueron siete, porque en Villa Clara estuve una semana en La Pendiente. Cuando estaba en El Pre tuve una discusión con uno de los jefes y este indicó que me llevaran para La Pendiente. Allí estuve en una celda de castigo por una semana.

¿Después que saliste de prisión has estado detenido?

Todos los meses.

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