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El presidente John F. Kennedy junto al vicepresidente Lyndon B. Johnson (der.) en Fort Worth, Texas, pocos minutos antes de salir a su fatídico viaje a Dallas, el 22 de noviembre de 1963. Foto: AP

Miguel Fernández Díaz

Anda moribundo el periodismo cuando los titulares lo ocupan noticias salidas de “investigaciones” recalentadas como la que acaba de poner sobre la mesa la compañía McClatchy, uno de los emporios informativos de Estados Unidos. 

El buró en Washington de  McClatchy acaba de servir como desayuno un pastelito sacado del horno hace casi veinte años: Donald Dean (Don) Bohning (1933-2015), periodista de larga data (1959-2000) en The Miami Herald, tenía vínculos documentados con la CIA.

La manipulación de McClatchy estriba en sostener que cierta página entresacada del último torrente de documentos desclasificados -seis lotes en 2017 y otro más el 26 de abril de 2018- sobre el asesinato de Kennedy “confirm a relationship between the agency and Bohning that had been public in some form since at least 2005”.

Aparte de que no había nada que confirmar, pues la propia CIA reveló tal relación, McClatchy no saca otra cosa que el mismo documento de información complementaria (NARA 104-10121-10389) de la Oficina de Seguridad (OS) de la CIA sobre veinte personas mencionadas en su noveno memorando acerca de “Garrison y el asesinato de Kennedy” (NARA 104-10310-10251). Estas personas estaban conectadas de modo probado o presunto con la CIA y se relacionaron a su vez con la investigación (1966-68) del fiscal de distrito (Nueva Orleans) Jim Garrison sobre el asesinato de Kennedy.

Ambos documentos fueron desclasificados con respecto a Bohning en 1999 y 1998, respectivamente, pero emergen ahora por haberse desclasificado otras cosas sin relación con él. Los números indican cómo se codificaron por la Administración Nacional de Registros y Archivos (NARA). El prefijo 104 corresponde a la CIA en la Colección de Registros sobre el Asesinato de Kennedy.

A veces el mismo documento aparece con diferentes números porque se obtuvieron de diversas fuentes. Así, el memo sobre Garrison procedente de la Dirección de Planes (DDP) de la CIA se registró por NARA como 104-10310-10251 y otro igualito, sacado del Work File del archivero de la CIA Russell (Russ) Holmes, como 104-10428-10181. También la información complementaria de la OC consta repetida en las cajas 42 y 44 de la “Colección Segregada de la CIA” que el Comité Especial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos sobre Asesinatos (HSCA) examinó entre 1976 y 1978.

McClatchy con Don Bohning

McClatchy imprime este giro intrigante: “There are just three documents in the massive JFK assassination files that name Bohning; anything else that may exist is elsewhere in the labyrinth of CIA archives”. No hay intriga alguna. A ese laberinto se entra por la Collección de Registros del Asesinato de JFK sin dar con otra barrera que los documentos aún retenidos en secreto por la CIA. Y la búsqueda estándar por Bohning arroja cinco documentos que ya están desclasificados por completo.

El reportero Don Bohning, una vieja historia con la CIA.

Aparte del memo sobre Garrison y la info complementaria de la OS, que se multiplican registralmente por razón de la procedencia, el otro documento relevante de la CIA sobre Bohning son unas notas manuscritas (NARA 104-10170-10160) en el Riel 25 de microfilmes de la “Colección Segregada”. Aquí sólo se añade haber sido expulsado de Haití (nota de mayo 26 de 1967) y tramitado en la embajada checa en Washington (nota de marzo 15 de 1967) un vieje a Cuba con estancia de 15 días.

Al traer a colación 2005, McClatchy revela su descuido en el manejo de las fuentes. Aquel año vio la luz el estudio biográfico de Joan Mellen sobre Garrison, A Farewell to Justice (Potomac Books), que menciona de pasada a Bohning —con su código para la CIA: AMCARBON-3— entre los “CIA-linked reporters” contactados por un tal Jim Rose, expiloto de la propia CIA que trabajaba como investigador privado para Garrison (página 253). Las fuentes primarias de Mellen no son otras que el memo y el documento complementario ya desclasificados en 1998 y 1999.

Don Bohning con la CIA

El reportero local (1959-1964), corresponsal itinerante para Latinoamérica (1964-67) y editor para la región (1967-2000) de The Miami Herald, Don Bohning, aparece como tercero en la lista de veinte personas del noveno memo de la CIA sobre Garrison. Aparte de referirse a Bohning con su nombre en clave [AMCARBON-3], que la CIA da sin tener que comunicarlo a la persona codificada [Fidel Castro era AMTHUG], y el número de su expediente de personalidad [201-813709], que la CIA abre para toda persona de interés [Lee Harvey Oswald tenía, por ejemplo, el expediente 201289248, sólo que abierto un año después de haber desertado a la Unión Soviética], aquel memo brinda estos datos:

  • Autorización provisional de seguridad encubierta (PCSA) a Bohning el 21 de agosto de 1967 y definitiva (CSA) el 14 de noviembre de 1967
  • El 28 de marzo de 1968, Bohning reportó a la CIA que habían sido contactado por un tal Winston Smith, quien alegó estar investigando para Garrison a Rolando “El Tigre” Masferrer.

La OS recopiló entonces información complementaria sobre Masferrer, Smith y Bohning. A este último respecto se limitó a repetir la info del memo y aclaró que la autorización definitiva (CSA) se concedió a Bohning “como informante confidencial con acceso normal a información sobre compañías y personalidades del mundo de las noticias (…) sin entrañar propósitos operativos ni misiones de ni entrenamiento en operaciones clandestinas”. De haberse contemplado tales objetivos -precisó la OS- se habría solicitado una Autorización Operativa Provisional (POA) o Definitiva (OA).

Clave de CARBON

McClatchy explica el nombre en clave de Bohning así: “AM was code for Cuba and CARBON appears to be a designation for journalists”. Quizás cabe precisar que designaba más bien a periodistas de The Miami Herald que cubrían el problema cubano.

Se sabe que AMCARBON-1 era Alvin (Al) Burt, predecesor de Bohning como editor para Latinoamérica, y se sospecha que AMCARBON-2 -referido por la CIA como el periodista del Miami Herald que a fines de 1962 conectó a Burt con Ted Shackley, jefe de estación en Miami (JMWAVE)- era Dom Bonafede, corresponsal en jefe para América Latina hasta mediados de 1963.

La CIA codificó de otro modo a periodistas que cubrían Cuba en otros medios. Harold (Hal) Hendrix se alzó con el Premio Pulitzer (1963) en Reportaje Internacional por sus trabajos sobre la Crisis de los Misiles (1962), pero reportaba para The Miami News (1957-63) y al parecer su código en la CIA era QDELF. Otro entusiasta del problema cubano, Tad Szulc, estaba emplantillado en The New York Times y fue codificado AMCAPE-1. A través de la Agencia de Informaciones Periodísticas (AIP), el exiliado cubano Agustín Alles Soberón participó en el proyecto AMHIM de la CIA para “noticias y boletines informativos” sobre América Latina y recibió el código AMHIM-2.

Al cabo la historia documentada de AMCARBON-3 en la CIA se reduce a que, siendo ya informante, fue abordado por alguien que dijo estar investigando a “El Tigre” Masferrer por encargo del fiscal Garrison. Bohning dio parte a la CIA y esto generó tres documentos. Sin embargo, McClatchy refuerza la intriga sin fundamento de que alguno más pudiera estar guardado con otra sobre la relación de Bohning con Jacob (Jake) Esterline, jefe de la fuerza especial de la CIA (1960-61) contra Castro y de JMWAVE (1968-72): “Were the two men just friends or was there a CIA relationship?”

Entre obsesiones

Aunque siempre negó hacer recibido pagos de la CIA, Bohning parece encajar bien en la Operación Mockingbird [Sinsonte], que el Director de la Oficina de Coordinación Política (OPC) de la agencia precursora de la CIA, Frank Wisner, echó a andar en 1948 y la CIA prosiguió hasta 1976 como programa para ejercer influencia sobre los medios estadounidenses.

Al solicitar JMWAVE, el 19 de marzo de 1964, que se abriera el expediente de personalidad de AMCARBON-1 (NARA 104-10048-10124), quedaron planteados los objetivos de forjar relación con los principales medios del Sur de la Florida para desviar la atención de las actividades de la CIA [KUBARK] y colar propaganda selecta como ejercicios de periodismo. Esta rima debió seguir con AMCARBON-3.

Sin embargo, Bohning parece haber sacado mejor partido de la CIA que la CIA de Bohning. Al malograrse su proyecto de biografía de Esterline, centrado en la invasión a Cuba, por fallecer el protagonista el 16 de octubre de 1999, Bohning aprovechó la información recopilada para pergeñar junto con otras fuentes The Castro Obssesion (Potomac Books, 2005). Aquí puso a la CIA en la picota pública por la irracionalidad de sus operaciones encubiertas contra Castro entre 1959 y 1965. Dejó sobre todo muy mal parado al Director de Planes (DDP), Richard Bissell, con su tanto de culpa en el fiasco de Bahía de Cochinos.

No obstante David Talbot, fundador (1995) del sitio digital Salon y autor del estudio Brothers (Simon & Schuster, 2007) sobre la conexión de los asesinatos de Jack and Bob Kennedy, considera que el libro de Bohning ofrece la visión unilateral de Langley sobre el drama histórico entre la Casa Blanca y Castro, al extremo de presentar las acciones de la CIA como estimuladas por el fanatismo anti-Castro de los hermanos Kennedy. Talbot formula este juicio -en su réplica a la reseña de su estudio por Bohning- como parte de otro más abarcador: “El periodismo de Bohning ha reflejado consistentemente los puntos de vista de sus fuentes en la comunidad de inteligencia, con poca o ninguna perspectiva crítica”.

Tal como tachó a Talbot por recurrir a fuentes poco fiables -Howard Hunt, Frank Sturgis, Angelo Murgado- para sostener la tesis de conspiración de extrema derecha en el asesinato de Kennedy, Bohning empleó igual argumento contra John Simkin, fundador de los sitios web Spartacus Educational (1997) y Assassination of JFK (2004), sobre todo por dar crédito a Sturgis acerca de que la Operación 40 se montó hacia 1960, en vez de hacia marzo de 1961, para la ejecución de asesinatos a la orden en los países donde se infiltraran grupos de la CIA.

A contrahílo de casi todos los investigadores de la administración Kennedy, Bohning dio a su vez crédito a Esterline acerca de que el presidente conocía el plan de asesinar a Castro, con píldora letal, en acción paralela a la Operación Zapata (Girón). Este plan se habría frustrado al asilarse el presunto ejecutor, Juan Orta Córdova [AMDOFF-1], en la embajada de Venezuela el 11 de abril de 1961.

La CIA concedió autorización de seguridad encubierta a Bohning tras la debacle de JMWAVE, que se inició con la salida de Shackley a mediados de 1965 y se consumó a principios de 1968, precisamente bajo la jefatura de Esterline, con drástica reducción de personal y reubicación apretada en Miami Beach. Bohning largaría en la revista de estudios sobre la inteligencia estadounidense (The Intelligencer, Volumen 16, Número 2, Otoño de 2008), casi un epitafio “for the giant Miami CIA station then located at the University of Miami’s South Campus, now the home -perhaps appropriately- for Metrozoo”.

McClatchy ni siquiera advierte con qué fino humor trató Bohning a la CIA enredada entre cubanos.

La entrada Leso periodismo: McClatchy, la CIA y The Miami Herald aparece primero en Cafe Fuerte.

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