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Epístola con destino imposible.
De alma a alma:
Usted no me conoce, nunca hemos compartido, nunca nuestras manos han cruzado un fraternal estrechón, sin embargo, le admiro. La vida es sabia, quizás tal vez no merezco una palabra suya o el estrechón de manos, le anticipo que estas líneas las redacta un cobarde, que en ocasiones se toma la falsa atribución de llamarse hombre, soy un ente sin patria, sin la más pequeña parcela donde descansar la osamenta al final de todo, pero que no ha perdido aún la capacidad de respetar la honestidad y el decoro, por ello le escribo.
Su nombre sacude mi conciencia y exprime de ella, ese ápice de patria que a manera de débil llama conservamos en lo más recóndito del alma, los que hemos optado por el exilio y hemos buscado allende el océano la libertad ansiada. Miles de razones justifican al emigrante, sólo una asiste al patriota, la fe en la libertad y usted ha creído en ello, en usted anida la nobleza del cristiano y el coraje más diamantino de todo hombre, reclamar la libertad del pueblo a cualquier precio.
Desde que supe de usted, no puedo evitar pensarle algunas tardes al llegar a casa y sentir el silencio desolador de la distancia. Creo que todo hombre que emigra, lleva la tristeza del abandono a los suyos y no entienda usted que me refiero a la familia, me refiero a todos los cubanos, al anciano, al joven, a la mujer, al niño. Le imagino en una celda de aislamiento, acurrucado sobre una raída frazada, intentando aislarse de la frialdad del lecho de cemento. Le pienso intentando hablar con los insectos, quizás a algún descuidado gorrión que busque cobijo en el ventanuco de la celda y usted sonriéndole, buscando explicarle con la mirada más tierna, la noble razón de su presidio.
Soy médico como usted e imagino el severo castigo moral con el que intentan doblegarle, usted que mitiga el dolor humano de los cubanos, con la práctica de la profesión y por soñar con la libertad y la democracia para nuestro país, es usted médico de hombres y de patria. Le confieso que por costumbre siento resquemor de muchos que han convertido el término patria en fuente de ingresos, que viajan por el mundo con el nombre de Cuba en sus labios, sin otro propósito que los viles emolumentos, pero usted representa la esperanza de esa palabra que eludo pronunciar por el sabor amargo que me deja en los labios, patria. Usted la puede decir a boca llena, porque usted también es patria.
A usted, Sr. Eduardo Cardet Concepción, líder del Movimiento Cristiano de Liberación e hijo moral de Oswaldo Payá, le hago saber que creo en usted, porque lleva en la mirada todo el significado de la más sagrada palabra, compatriota. Recientemente firmé una petición internacional por su liberación. Creo que estas líneas jamás llegarán a usted, como tampoco ésta lágrima de hombre que traviesa corretea por la mejilla mientras le escribo, lo tomaría como un acto débil si no fuera porque va acompañada del temblor de ira de mi mano, por la vileza y la ignominia del sátrapa con su encierro.
Mis respetos para usted y si me lo permite, un abrazo.
Dr. Ramón Muñoz Yanes.
Gran Canaria, España,  20:03 horas,16 de mayo de 2018.
De alma a alma:
Usted no me conoce, nunca hemos compartido, nunca nuestras manos han cruzado un fraternal estrechón, sin embargo, le admiro. La vida es sabia, quizás tal vez no merezco una palabra suya o el estrechón de manos, le anticipo que estas líneas las redacta un cobarde, que en ocasiones se toma la falsa atribución de llamarse hombre, soy un ente sin patria, sin la más pequeña parcela donde descansar la osamenta al final de todo, pero que no ha perdido aún la capacidad de respetar la honestidad y el decoro, por ello le escribo.
Su nombre sacude mi conciencia y exprime de ella, ese ápice de patria que a manera de débil llama conservamos en lo más recóndito del alma, los que hemos optado por el exilio y hemos buscado allende el océano la libertad ansiada. Miles de razones justifican al emigrante, sólo una asiste al patriota, la fe en la libertad y usted ha creído en ello, en usted anida la nobleza del cristiano y el coraje más diamantino de todo hombre, reclamar la libertad del pueblo a cualquier precio.
Desde que supe de usted, no puedo evitar pensarle algunas tardes al llegar a casa y sentir el silencio desolador de la distancia. Creo que todo hombre que emigra, lleva la tristeza del abandono a los suyos y no entienda usted que me refiero a la familia, me refiero a todos los cubanos, al anciano, al joven, a la mujer, al niño. Le imagino en una celda de aislamiento, acurrucado sobre una raída frazada, intentando aislarse de la frialdad del lecho de cemento. Le pienso intentando hablar con los insectos, quizás a algún descuidado gorrión que busque cobijo en el ventanuco de la celda y usted sonriéndole, buscando explicarle con la mirada más tierna, la noble razón de su presidio.
Soy médico como usted e imagino el severo castigo moral con el que intentan doblegarle, usted que mitiga el dolor humano de los cubanos, con la práctica de la profesión y por soñar con la libertad y la democracia para nuestro país, es usted médico de hombres y de patria. Le confieso que por costumbre siento resquemor de muchos que han convertido el término patria en fuente de ingresos, que viajan por el mundo con el nombre de Cuba en sus labios, sin otro propósito que los viles emolumentos, pero usted representa la esperanza de esa palabra que eludo pronunciar por el sabor amargo que me deja en los labios, patria. Usted la puede decir a boca llena, porque usted también es patria.
A usted, Sr. Eduardo Cardet Concepción, líder del Movimiento Cristiano de Liberación e hijo moral de Oswaldo Payá, le hago saber que creo en usted, porque lleva en la mirada todo el significado de la más sagrada palabra, compatriota. Recientemente firmé una petición internacional por su liberación. Creo que estas líneas jamás llegarán a usted, como tampoco ésta lágrima de hombre que traviesa corretea por la mejilla mientras le escribo, lo tomaría como un acto débil si no fuera porque va acompañada del temblor de ira de mi mano, por la vileza y la ignominia del sátrapa con su encierro.
Mis respetos para usted y si me lo permite, un abrazo.
Dr. Ramón Muñoz Yanes.
Gran Canaria, España,  20:03 horas,16 de mayo de 2018.

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