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El Kremlin les dio la luz verde y, desde mediados de 1958, los comunistas cubanos comenzaron a darle un tímido apoyo a Castro.

Por Servando González- Especial para Nuevo Acción-(Tomado de mi libro La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial, [2012])

Los comunistas cubanos y Fidel Castro

El Partido Comunista cubano había languidecido por largos años en la apatía normal de los partidos comunistas latinoamericanos, sin mostrar interés alguno en tomar el control político en Cuba. En 1958, cuando Castro ya estaba en las montañas de la Sierra Maestra enfrascado en su lucha guerrillera contra las fuerzas de Batista, los comunistas establecieron el primer contacto con Castro. Aunque en ese momento las fuerzas de Castro no pasaban de unos pocos cientos de hombres y su victoria era incierta, los días de Batista parecían contados y Castro se estaba convirtiendo — con la ayuda de los medios de difusión norteamericanos — en el símbolo de la resistencia armada contra la dictadura de Batista. Bajo esas circunstancias, una alianza con el hombre que lideraba la mayor fuerza armada contra Batista parecía lo más indicado.

Sin embargo, si tenemos en cuenta la estricta disciplina prosoviética de los comunistas cubanos, no es desacertado concluir que este acercamiento tuvo que haber sido autorizado, y tal vez sugerido, por el Kremlin. En realidad esto no era nada anómalo, particularmente en esos momentos de alianzas soviéticas con movimientos nacionalistas y líderes tales como Nasser en Egipto, Sukarno en Indonesia, Nkrumah en Ghana, Sekou Touré en Guinea y el FNL en Argelia. De modo que, cualquiera que haya sido el motivo, es evidente que el Kremlin les dio la luz verde y, desde mediados de 1958, los comunistas cubanos comenzaron a darle un tímido apoyo a Castro.

Poco se ha escrito sobre el papel real del Partido Socialista Popular (PSP, nombre que adoptó el Partido Comunista Cubano en 1944)50 durante la lucha contra Batista. Pero era vox populi en Cuba que los ñángaras (apodo despectivo con el que muchos cubanos designaban a los comunistas locales) nunca demostraron mucha amistad por Fidel Castro. Por el contrario, la animosidad era mutua, y el primer choque de Castro con los comunistas ocurrió en diciembre de 1944, cuando éste cursaba su último año de bachillerato en el Colegio de Belén en La Habana.51

Lo que motivó la querella inicial, fue que Castro usó Belén como tribuna para atacar una propuesta de ley en el Congreso, popularmente conocida como la Ley Marinello,52 debido a que su creador era el presidente del Partido Socialista Popular y Senador, Juan Marinello (foto de loa izquierda). En su ataque, que se publicó en la prensa nacional, Castro insinuó que el plan había sido concebido acorde a la ideología de la Rusia soviética o la Alemania nazi. Sin embargo, el verdadero motivo del ataque de Castro era que, caso de ser aprobada por el congreso, la ley afectaría negativamente la educación privada en Cuba, incluyendo el Colegio de Belén, lugar donde los jesuitas educaban a los hijos privilegiados de los ricos.

A pesar de que en esos momentos el joven Fidel Castro era tan sólo un alumno de bachillerato, los comunistas se indignaron tanto con su ataque que contraatacaron con un fuerte artículo en la páginas de Hoy, el periódico oficial de los comunistas. El autor del artículo llamó a Castro “pichón de jesuita” y “come gofio”— que en el habla popular cubana significa imbécil. Posiblemente ésa haya sido la primera vez que los oficiales de inteligencia norteamericanos en la Embajada de los EE.UU. en La Habana oyeron mencionar a Fidel Castro.

Pocos años después, en 1947, cuando Castro era estudiante en la Universidad de La Habana, se postuló para vicepresidente de la Escuela de Derecho. Como sabía que los comunistas tenían amplio arraigo entre los estudiantes, inmediatamente comenzó a utilizar la retórica antiimperialista y antinorteamericana propia de los comunistas, y logró atraer ciertos estudiantes que luego votaron por él. Pero, una vez elegido, comenzó una virulenta campaña anticomunista en la Universidad. Los comunistas ripostaron tildándolo de traidor.53 Desde esa época temprana, las relaciones entre los comunistas cubanos y Castro se tornaron aún más borrascosas.

A fines de febrero de 1948, el diario Hoy publicó en primera plana una información sobre la detención de los presuntos asesinos del líder estudiantil Manolo Castro. El artículo continuaba en una página interior, en la que se incluía una foto de los acusados, entre ellos Fidel Castro.54

No obstante, aparte de las discrepancias personales y la antipatía de los comunistas por Fidel Castro, esa actitud era el resultado de la adherencia ciega de los comunistas cubanos a la versión soviética de comunismo dogmático y doctrinario. Por esa razón, los comunistas soviéticos tienen que haber sido los primeros sorprendidos cuando, en 1961, sin la guía y apoyo del sacrosanto partido comunista cubano, Castro afirmó haber llevado a cabo una revolución comunista en las mismas narices del imperialismo yankee.

No hay que olvidar que, cuando Castro y sus hombres atacaron el Cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953, varios líderes del Partido Socialista Popular se encontraban en la ciudad para asistir a una reunión semiclandestina. Tan pronto como Batista supo del ataque al cuartel Moncada, culpó a los sospechosos usuales: los comunistas. Éstos se defendieron alegando que no habían tenido participación alguna en el asalto, y que se hallaban en Santiago por pura casualidad, para asistir a la celebración del cumpleaños de Blas Roca, uno de los fundadores del partido comunista cubano y miembro del buró político del Partido Socialista Popular.55 Acto seguido, los comunistas denunciaron y criticaron fuertemente el asalto al Moncada. Uno de los líderes del PSP, Joaquín Ordoqui,(foto de arriba, a la izquierda) se distinguió del resto por sus vituperios en contra de Fidel Castro.

Los comunistas tenían sobradas razones para estar indignados con Castro. A pesar de no haber estado implicados en la acción, el asalto al Moncada les trajo serias repercusiones. Acto seguido, Batista ilegalizó todas las publicaciones de los comunistas y, poco después, ilegalizó el PSP. Como resultado, el resentimiento de los comunistas cubanos hacia Fidel Castro se acrecentó. Unas semanas después, los comunistas cubanos emitieron una declaración que, debido a que sus publicaciones locales habían sido ilegalizadas, tan sólo fue publicada en el periódico comunista Daily Worker de New York, en la que fuertemente criticaban el ataque al Moncada,

“Nos oponemos a las acciones de Santiago de Cuba y Bayamo.56 Los métodos putschistas que se usaron son característicos de ciertos grupos burgueses. Este ha sido un intento aventurerista de capturar bases militares. El heroísmo manifestado por los participantes ha sido erróneo e improductivo, basado en ideas burguesas erróneas.

“El país sabe bien quién organizó, dirigió y llevó a cabo las acciones en contra de los cuarteles. La línea política del PSP y los movimientos de masas siempre ha sido y es la misma: luchar contra la tiranía de Batista y desenmascarar a los putschistas y aventureros de la oposición burguesa que actúan en contra de los intereses del pueblo. El PSP considera necesario consolidar las masas en un frente unido en contra del gobierno para hallar una vía democrática que permita salir de esta situación, resucitar la Constitución cubana, garantizar las libertades cívicas, celebrar elecciones generales y formar un gobierno del frente nacional democrático.

“En su lucha, el PSP basa su apoyo en las masas, y condena el aventurerismo putschista dirigido en contra de las masas y la solución democrática que busca el pueblo.57”

Es altamente revelador que los comunistas cubanos hayan usado repetidamente la palabra putschista — que en el lingo comunista de la postguerra significaba “fascista” — para criticar los métodos revolucionarios de Fidel Castro.58

La animadversión que sentían los comunistas cubanos por Fidel Castro estaba más que justificada. Aunque varios de los amigos de Castro en le Universidad de La Habana eran comunistas, lo cierto es que Castro nunca fue miembro del PSP. Más aún, hay evidencia de que la animosidad era mutua. En 1956 Castro se vio mezclado en una polémica debido a un artículo aparecido en la prestigiosa revista Bohemia titulado “El grupo 26 de julio en la cárcel”, en que se le acusaba de comunista. El artículo había sido escrito por Luis Dam, un republicano español en el exilio. Según Dam, la policía mexicana tenía pruebas de que Castro era miembro del partido comunista.59

La airada respuesta de Castro, escrita desde la prisión en México donde estaba detenido por preparar la invasión de Cuba desde territorio mexicano, no se hizo esperar. En el siguiente número de Bohemia Castro publicó un apasionado artículo que tituló “¡Basta ya de mentiras!” Según Castro,

“Naturalmente, la acusación de que soy comunista es absurda a los ojos de todos los que conocen mi conducta pública en Cuba, sin ningún tipo de nexos con el Partido Comunista. Niego totalmente el informe del Sr. Dam en el que afirma, “Incidentalmente, la Policía Federal de Seguridad afirma que Fidel es miembro del Partido Comunista”. El propio Capitán Gutiérrez Barros me leyó el informe enviado al Presidente de México después de una semana de investigación minuciosa; entre sus observaciones se afirma categóricamente que no tenemos [desde esa época Castro ya usaba el plural retórico para referirse a su persona] nexo ninguno con organizaciones comunistas. Tengo ante mí el [periódico] Excélsior del 26 de julio, página 8, columna 6, párrafo 5, donde se lee: “El Buró Federal de Seguridad enfatizó que el grupo 26 de julio no tiene nexos comunistas ni recibe ayuda de los comunistas.”60

Castro continuó su ataque contra Dam, acusando al gobierno de Batista de complotar en su contra y también recordando la pasada colaboración de los comunistas con el dictador cubano,

“La  intriga es ridícula y sin el menor fundamento porque tan sólo he militado en un partido político, y es el [Partido Ortodoxo] que fundó Eduardo Chibás. Además, ¿qué moral tiene el señor Batista para hablar de comunismo, si fue candidato presidencial del Partido Comunista en las elecciones de 1940, si sus pasquines electorales se cobijaron bajo la hoz y el martillo, si por ahí andan las fotos junto a Blas Roca y Lázaro Peña, si media docena de sus ministros actuales y colaboradores cercanos eran bien conocidos miembros del Partido Comunista.”61

Las palabras de Castro recordando la pasada colaboración de Batista con los comunistas era el peor ataque que tanto el dictador como los comunistas podían recibir. Y mucho más aún su insinuación difamatoria de que los comunistas todavía estaban colaborando con Batista. Theodor Draper, uno de los autores que mejor ha estudiado esa etapa de la historia de Cuba, señaló certeramente que es muy difícil de creer que un comunista se justificara en una forma tan extraña.62

Por su parte, los comunistas no se quedaron callados, y ripostaron de varias formas, entre ellas insinuando que Castro estaba loco y que era homosexual. Un columnista del periódico Hoy, que firmaba con el pseudónimo “Esmeril”, lo llamó en varios artículos  “el casto Fidel”, un apodo injurioso con connotaciones homosexuales inspirado en el título de una película de moda por entonces.63

Por otra parte, sería injusto culpar a los comunistas cubanos por criticar a Castro en la forma en que lo hicieron. A pesar de todas las teorías aportadas que acusan a Castro de haber sido comunista en esa época, en realidad existe una enorme cantidad de evidencia circunstancial y documental que indica que, al menos en esa época, Castro no lo era, y muchos lo confirman. Por ejemplo, Javier Felipe Pazos, que se entrevistó personalmente con Castro cuando éste estaba en las montañas de la Sierra Maestra, expresó su total falta de convencimiento de que Castro era comunista y de que su revolución desde el principio había sido una conspiración comunista.64

No obstante, después que Castro inesperadamente declaró en 1961 que siempre había sido marxista, algunos autores, con intenciones diferentes, han tratado de probar a posteriori la veracidad de sus palabras. Por ejemplo, Lionel Martin afirma que la dirigencia del núcleo que atacó el Moncada realizaba estudios de marxismo y, sobre esta base, traza un círculo de ideología marxista alrededor de varios líderes del Movimiento 26 de julio quienes, según él, se relacionaron con los comunistas cubanos.65 Por su parte, Nathaniel Weyl, afirma que Castro había sido reclutado por agentes del comunismo internacional mucho antes del Bogotazo, y enfatiza las relaciones de Castro con algunos políticos radicales.

Ahora bien, vamos a aceptar tan sólo por un momento que en la época previa al Bogotazo Fidel Castro era un criptocomunista y un agente secreto del comunismo internacional. Si esto hubiese sido cierto, a su regreso de Colombia, donde había “quemado” su cubierta, ya que toda la prensa oficialista colombiana lo había acusado de comunista, lo más lógico hubiera sido que los comunistas cubanos lo hubiesen recibido como un héroe y Castro se hubiera hecho miembro oficial del PSP. De hecho, si Castro se hubiera declarado comunista públicamente, eso no habría sido motivo para escandalizarse. La historia de Cuba está llena de nombres de figuras políticas, como Julio Antonio Mella, Carlos Baliño y Rubén Martínez Villena, quienes declararon su militancia comunista secreta después de haber logrado cierta preeminencia política.

Pero, por el contrario, a su regreso a Cuba, Castro y del Pino no se hicieron miembros del PSP, sino del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), dirigido por el líder nacionalista y anticomunista Eduardo Chibás. Según Ramón Conte,66 ambos Castro y del Pino sirvieron por algún tiempo de informantes para la CIA que, fiel a su trabajo en beneficio de las banqueros de Wall Street, veía a todos los líderes nacionalistas de América Latina, Chibás entre ellos, como “rosados”, es decir, simpatizantes del comunismo.

Más aún, lejos de mostrar alguna inclinación comunista, después del Bogotazo Castro continuó expresando sus ideas fascistas. Por ejemplo, el 26 de julio de 1960, en un discurso que pronunció en la conmemoración del fallido ataque al Cuartel Moncada, Castro declaró su dedicación a la “liberación” del resto de América Latina.67  Lo que no aclaró, fue que la vía por la que pensaba lograr su objetivo consistía esencialmente en el uso indiscriminado de golpes de estado putschistas del más puro estilo fascista, que incluían el asesinato de algunos presidentes elegidos democráticamente por el voto popular.

En conclusión, si los datos históricos que he mencionado son correctos, y la abundancia de fuentes confiables lo confirma, todo indica que Fidel Castro no era comunista ni antes, ni durante, ni después de los sucesos del Bogotazo. Además, es muy probable que el reclutamiento de Castro por los servicios de inteligencia norteamericanos efectivamente tuvo lugar, así como su papel durante los funestos sucesos del Bogotazo como agente provocador al servicio de los conspiradores del CFR que controlan la CIA.

En su típico estilo cantinflesco68 que lo caracteriza, Castro ha tratado muchas veces de probar que durante el Bogotazo, aunque no era miembro del Partido Comunista cubano, en realidad en su mente y corazón ya era un comunista militante convencido. Por ejemplo, en la entrevista que le concediera a Arturo Alape en 1983, Castro hace uso de su extraordinario malabarismo lingüístico, en el que entremezcla mentiras y verdades en un esfuerzo por probar que, aunque en 1948 no era comunista, en realidad era comunista,

“En ese momento yo ya había entrado en contacto con la literatura marxista, ya había estudiado la Economía Política, por ejemplo, y tenía conocimiento de las teorías políticas. Me sentía atraído por las ideas fundamentales del marxismo, yo fui adquiriendo una conciencia socialista a lo largo de mi carrera universitaria, a medida que fui entrando en contacto con la literatura marxista. En aquel tiempo había unos pocos estudiantes comunistas en la Universidad de La Habana y yo tenía relaciones amistosas con ellos, pero yo no era de la juventud comunista, yo no era militante del Partido Comunista. Mis actividades no tenían absolutamente nada que ver con el Partido Comunista de aquella época. Podríamos decir que yo tenía una conciencia antiimperialista.

“Había tenido ya los primeros contactos con la literatura marxista y me sentía inclinado a las ideas marxistas, pero no tenía ninguna filiación, ninguna vinculación con la juventud comunista, salvo relaciones de amistad con distintos jóvenes comunistas, muy trabajadores, muy estoicos, con los cuales yo simpatizaba y a los que admiraba. Pero ni el Partido Comunista de Cuba ni la juventud comunista tuvieron absolutamente nada que ver con la organización de este Congreso en Bogotá.”69

Pero los hechos, que son mucho más creíbles que sus palabras, desmienten categóricamente que en algún momento Castro haya sido atraído por la ideología marxista.

Notas:

  1. El Partido Comunista Cubano — el verdadero, no el falso que creó Castro cuando tomó el poder — cambió su nombre en tres oportunidades. Cuando se fundó en 1925 se llamó Partido Comunista de Cuba. Luego tomó el nombre Unión Revolucionaria Comunista en 1940. Finalmente, en 1944, se llamó Partido Socialista Popular. Sin embargo, los comunistas cubanos nunca usaban ese nombre y se referían a éste simplemente como “el Partido.”
  2. Para un interesante y detallado análisis de la larga querella entre los comunistas cubanos y Fidel Castro, antes y después de que éste tomara el poder en 1959, ver F. Lennox Campello, “The Cuban Communist Party Anti-Castro Activities, http://members.tripod,com/~Campello/castro.html
  3. Richard Pattee, “The Role of the Roman Catholic Church,” in Robert Freeman Smith, ed., Background to Revolution (New York: Alfred A. Knopf, 1966), p. 110.
  4. Jules Dubois,Fidel Castro: Rebel — Liberator or Dictator? (New York: Bobbs-Merrill, 1959), p. 17.
  5. “4 Estudiantes Detenidos, Acusados del Asesinato de Manolo Castro”, Hoy, 26 de febrero de 1948.
  6. Debido a uno de esos virajes inesperados del destino, Vladimiro Roca, hijo de Blas Roca, economista y ex-piloto militar de MIGs de la aviación castrista, se desencantó del “comunismo” de Castro y se convirtió en uno de los más famosos disidentes cubanos. En marzo de 1999, después de haber estado encarcelado desde julio de 1977, Roca fue sentenciado a una larga condena por haber escrito, junto con otros disidentes, un manifiesto cívico titulado “La patria es de todos”.
  7. Aunque la acción no se mencionó en la prensa, coincidiendo con el ataque al Moncada también hubo un ataque contra un cuartel en la ciudad de Bayamo, también en la provincia de Oriente.
  8. The Daily Worker, New York, August 5, 1953.
  9. Todo indica que los comunistas cubanos no se equivocaron acerca de la veradera ideología de Fidel Castro. Para un análisis de las raíces fascistas del castrismo, y por qué considero que el castrisno no es sino fascismo encubierto, veáse Servando Gonzalez, The Secret Fidel Castro: Deconstructing the Symbol (Oakland, California: Spooks Books, 2001), p. 233-303.
  10. Luis Dam, “El grupo 26 de julio en la cárcel,” Bohemia, 8 de July de 1956.
  11. Fidel Castro, ¡Basta ya de mentiras!”, Bohemia, 15 de julio de 1956. El artículo es citado en Rolando E. Bonachea and Nelson P. Valdés, eds., Revolutionary Struggle, 1947-1958 (Cambridge, Massachusetts: The MIT Press, 1972), p. 323. Como no he podido hallar el original de la revista Bohemia, traduje al español la versión aparecida en el libro de Bonachea y Valdés, que a su vez es una traducción al inglés, por consiguiente la versión que ofrezco no es fiel a la letra, pero sí a la esencia del contenido. Traduttore, tradittore.
  12. Ibid.
  13. Theodor Draper, Castroism, Theory and Practice (New York: Praeger, 1965), p. 28.
  14. Luis Conte Agüero, Fidel Castro: Psiquiatría y política (Mexico, D. F.: Editorial Jus, 1968), p. 88.
  15. Javier Felipe Pazos, “Cuba -‘Long Live the Revolution’”, The New Republic, November 3, 1962, p. 15.
  16. Lionel Martin, Red Star Over Cuba (New York: Hillman/Macfadden, 1961), pp. 73-85, 92-97.
  17. Ramón Conte es el cubano agente de la CIA que fue testigo de la presencia de Castro y del Pino en la reunión secreta en casa de Mario Lazo que mencioné anteriormente.
  18. El discurso de Castro aparece citado en Andrés Suárez, Cuba: Castroism and Comunism (Cambridge, Mass.: The M.I.T. Press, 1967), p. 94.
  19. Cantinflesco: adjetivo creado para describir el habla de Cantinflas, un personaje creado por el actor cómico mexicano Mario Moreno. Cantinflas se caracterizaba porque hablaba mucho y decía poco.
  20. José Martínez Matos (ed.), Antes del Moncada (La Habana: Editorial Pablo de la Torriente, 1986), p. 59.

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