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Una tarea pendiente para el sistema cubano se torna la materia habitacional. Un tópico casi insoluble a más de seis décadas de aquel “alegato histórico” donde el entonces abogado Fidel Castro denunciara la vivienda como una de las principales problemáticas latentes en la Cuba de aquella década.

Hoy la isla vive bajo un sistema político que supuestamente arreglaría esos lastres de antaño. Sin embargo, muchos hogares y la infraestructura de los mismos continúa dando de qué hablar. A pesar de repetidas modificaciones a las leyes, discusiones en la Asamblea Nacional y proyecciones estadísticas que denotan la creciente necesidad de hogares, muchos cubanos viven en condiciones pésimas. A ello se suma el evidente destrozo causado por el paso del huracán Irma, fenómeno que desempolvó la situación real del asunto y la poca respuesta por parte de las autoridades ante los reclamos del pueblo.

Es este el caso del solar situado en Aguiar 261 en La Habana Vieja, un inmueble que pide a gritos su restauración o demolición. Dentro del mismo se huele la fetidez típica de un espacio insalubre que ha sido olvidado por el tiempo. Familias hacinadas en cuartos minúsculos donde conviven incluso niños pequeños, animales domésticos y de corral; una escalera de madera, paredes enmohecidas y vestigios de recientes derrumbes son la carta de presentación del espacio. Ante tal realidad vale preguntarse ¿cómo es posible que en tales condiciones, allí sigan viviendo personas?

Ayamey de la Caridad Hernández es una de las adolescentes que reside ahí. Ella, quien salió recientemente del Centro de Menores ya que fue acusada de agredir a un policía, no estudia ni pretende reincorporarse a la escuela porque en “la calle” aprenderá más que en un aula. Vive con su madre y ante sus escasos 15 años y su aparente mayoría de edad, me explica la situación con más experiencia de la que le corresponde.

“Mi mamá fue a hablar con el personal de vivienda y allí le dijeron que buscara la casa de algún familiar porque no había albergue ni ningún sitio para darnos. Ella se pasó el ciclón sola aquí y nadie vino a evacuarla. Este edificio está declarado como inhabitable hace años y nosotros tenemos la orden de albergue desde hace un buen tiempo pero no nos han dado nada. Solo nos dicen que no hay lugar y que nos las arreglemos como podamos en tanto aparece algo. Todavía aquí no ha pasado nada, ninguna pared que le ha caído encima a alguien, pero cuando el sol caliente de verdad se empezaran a caer los balcones como siempre”

La falta de mantenimiento durante prolongados años conllevó a un estado de deterioro generalizado del fondo habitacional de la ciudad de La Habana. Ello trajo consigo la pérdida de muchas edificaciones que sucumben al paso del tiempo. El patrimonio material de la capital cede a los vientos pues ya sus agrietadas paredes no soportan más presión. Muchas de estos inmuebles son insalvables y aun así sus moradores se niegan a abandonarlos dada las pocas o nulas alternativas que les ofrecen los funcionarios del “estado”.

En esta situación se encuentra la familia de Laritza Peñalvert Sierra quien vive en Ánimas entre Gervasio y Belascoaín en Centro Habana, precisamente en el edificio donde el desplome de una columna colindante durante el paso de Irma, provocó la muerte de Roydis Valdez Pérez y su hermano Walfrido.

“Tenemos expediente de albergue desde hace muchos años, sin embargo para nadie es un secreto que la situación de la vivienda en la ciudad está deprimida. Yo pienso que en tanto tiempo podría haber existido una solución de a poco, porque ahora es masivo. Hace 24 años que vivo aquí y solo quedamos tres núcleos. Luego del accidente se presentaron las autoridades y el primer secretario del partido y el gobierno además de una serie de identidades involucradas en el asunto. Las muertes fue el detonante, pero nosotros estamos llamando la atención hace años y esos muertos se podían haber evitado.”

La última modificación de la Ley General de la Vivienda buscaba disminuir y facilitarles los trámites de entrega de terrenos para la construcción de viviendas a familias necesitadas, así como agilizar trámites relacionados con la construcción. Este llamado decreto Ley 322, tenía como fin la reducción de construcciones ilegales. El mismo quedó en el traspaso de responsabilidades y funciones de una institución estatal a otra, unida a la decepcionante implementación de la misma. La Asamblea Nacional posteriormente discutió la problemática e incumplimiento de la Ley 322 y entre las deficiencias resaltaba que de 53,942 parcelas estatales solicitadas por la población para la construcción de viviendas, solo el 12 por ciento fueron otorgadas.

En el caso de Laritza la realidad corrobora la no factibilidad de dicho código. “Me hicieron una oferta que no me era viable. Una comunidad de tránsito en la periferia de la ciudad que no acepté porque conozco la existencia de terrenos que se pueden facilitar para la construcción sin estar tan lejos. Yo les hice esa contrapropuesta y me aprobaron –después de mucho diálogo- un solar en Vapor 112 entre Espada y Hospital. El Gobierno y Vivienda me dieron la posibilidad de construir y ello incluye la brigada y todos los materiales. En estos momentos, la carta que dice que esa parcela es mía la he visto pero no la tengo en mis manos porque el director provincial que la debe firmar no ha tenido tiempo de encontrarse con la directora de vivienda de nuestro municipio. ¿Conclusión? Yo no tengo ningún papel en la mano. Realmente me siento privilegiada con esa solución pero ahora mismo resulta efímera, porque yo sigo aquí sin nada objetivo.”

Ante su evidente incertidumbre le pregunto ¿Cuánto tiempo estarás dispuesta a esperar, o te irás para otro sitio antes de empezar la obra? Tajante responde.

“No es que me den el papel firmado. ¡Yo quiero el papel, el proyecto, el plano, el ejecutor, los materiales y la brigada! Aquí en cuanto saque un pie van a demoler y no estoy dispuesta a pasar 10 años para tener mi casa. Esto es como El laberinto de Ariadna que ves como inicia la madeja pero no donde termina. Necesito respuestas concretas porque yo estoy gritando antes de Irma. Ahora me siento con derecho a reclamar”.

Laritza y su hermana Litza me enseñan su casa y las otras habitadas allí. Me muestra como con solo tocar una pared, esta se mueve como si fuera de cartón. Es un sitio lúgubre, insalubre y triste. Lo rodean escombros, telas de araña y el recuerdo de quienes perdieron la vida cuando Irma unido al pesar de esas muertes que se pudieron haber evitado.

 
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