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    VIVIR PARA APRENDER Y SUFRIR
    Alfredo M. Cepero
    Director de www.lanuevanacion.com
    Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero
     
    Y en esta alucinante travesía de 58 años, los cubanos hemos aprendido el significado de la soledad y sufrido la indiferencia de una humanidad cada vez más etnocéntrica e indiferente a los dolores ajenos.
    Recién empezaba el año de 1959 y una tropa abigarrada de jóvenes bajaba de las montañas orientales de Cuba con rosarios al cuello y sonrisas angelicales anunciando la buena nueva de un amanecer de libertad. El último día del año anterior Fulgencio Batista se había escapado amparado en las sombras de la noche, de la misma forma en que se había robado el poder siete años antes. En Caracas, los venezolanos festejaban desde hacía varios meses el derrocamiento de su dictadorzuelo de turno Marcos Pérez Jiménez. La América de Martí y Bolívar se sacudía el yugo del totalitarismo y se vestía de democracia y de esperanza. Era imposible entonces ser joven y no ser optimista. Ser joven y no ser idealista. Yo estuve entre esos jóvenes.
    Fue entonces cuando improvisé mis primeros versos. Más que ejemplos de preciosismo literario fueron expresión de una rebeldía juvenil contra la corrupción y el oportunismo de una clase política que traicionaba a sus pueblos para servirse a sí misma. Entonces escribí: “Ya no somos sinónimos/ de ningún diccionario económico foráneo/Cuba no es azúcar, petróleo Venezuela/no es trigo la Argentina, ni Bolivia es estaño/ Ya podemos llamarnos los hijos de Martí/de Juárez, de Sarmiento y de Bolívar”. ¡Con cuánto dolor deben de mirar estos muertos sublimes el triste espectáculo de sus pueblos martirizados ahora por tiranuelos sangrientos y analfabetos!
    Regresando a mi relato, muy pronto nuestro falso Mesías mostró sus designios satánicos y unos se fueron a las montañas para combatirlo con las armas en la mano mientras otros tomamos el camino del exilio para denunciar su maldad. Y en esta alucinante travesía de 58 años, los cubanos hemos aprendido el significado de la soledad y sufrido la indiferencia de una humanidad cada vez más etnocéntrica e indiferente a los dolores ajenos. Los venezolanos han estado aprendiendo esta amarga lección en los últimos 20 años.
    Dicho sea de paso, la tierra venezolana siempre ha tenido para mí un embrujo especial y sus hijos me han recibido con profundo cariño, principalmente los cubanos que en ella encontraron abrigo de la tiranía castrista. El 19 de mayo de 1974, mi amigo el Dr. Tebelio Rodríguez Maseda me invitó a pronunciar un discurso en la “Asociación Patriótica José Martí”, que él presidía por esa época.
    En aquella oportunidad dije: “Los hijos peregrinos de Martí nos reunimos esta noche en la tierra heroica y generosa de Bolívar y de sus hijos”…. (Haciendo referencia al tránsito de Martí por Venezuela) dije: “Poco tiempo después, listo ya para partir, escribe José Martí a uno de sus anfitriones en esta tierra: ‘Deme Venezuela en que servirla, ella tiene en mí un hijo’. Y setenta años más tarde, es Andrés Eloy Blanco, el poeta cuyas metáforas hacen casi palpable al tacto el alma popular venezolana, quién le toma la palabra y escribe: ‘Demos trabajo a Martí… Vaciemos su doctrina y su servicio en los surcos vivos de la patria”.
    Y finalizando mis palabras de aquella noche de solidaridad y esperanza dije: “….vamos a darle trabajo a Martí, el ciudadano humilde que en el apogeo de su poder político no reclamaba otro título quo el de Delegado del Partido Revolucionario Cubano en el exterior; darle trabajo a Bolívar, el general victorioso y casi idolatrado que pidió al Congreso de Cúcuta que le cambiara el título de Libertador por el de ‘buen ciudadano’; darle trabajo a Juárez, el demócrata por convicción y casi por obsesión que cuidaba del derecho de sus conciudadanos como de la flor más hermosa de su incipiente jardín de democracia”.
    Es cierto que ha llovido mucho y corrido mucha sangre en Cuba y en Venezuela entre aquel sombrío 1974 y éste fatídico 2017; pero ambas siguen de la mano luchando ahora contra los malos cubanos y los malos venezolanos. Existe, sin embargo, una diferencia entre ambas en la reciente reacción de una  putrefacta casta de ex gobernantes en busca de una notoriedad de que carecen y no merecen. Para esta gente, Nicolas Maduro es un usurpador que debe de abandonar el poder y dejar que el pueblo de Venezuela escoja libremente su propio destino.
    En tal sentido, hace menos de una semana, dieciocho ex presidentes, agrupados en la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), instaron a los gobiernos de la región a actuar frente a “las violaciones sistemáticas y generalizadas de derechos humanos” en Venezuela. Acto seguido, apelaron al papa Francisco y a los gobiernos de la región a “ponerle freno al desbordamiento dictatorial en Venezuela”. Una apelación inútil a un político convertido en papa que está más interesado en la promoción de su ideología de izquierda que en la libertad de Venezuela.
    Aunque se haga largo este comentario no puedo dejar de citar los nombres de estos fantoches que confían en nuestra mala memoria y pretenden burlarse de nuestra inteligencia. Ahí van: Oscar Arias, Costa Rica, José María Aznar, España, Nicolás Ardito Barletta, Panamá, Belisario Betancur, Colombia, Armando Calderón Sol, El Salvador, Rafael Ángel Calderón, Costa Rica, Laura Chinchilla, Costa Rica, Alfredo Cristiani, El Salvador. Vicente Fox, México, Lucio Gutiérrez, Ecuador, Luis Alberto Lacalle, Uruguay, Jamil Mahuad, Ecuador, Mireya Moscoso, Panamá, Andrés Pastrana, Colombia, Jorge Tuto Quiroga, Bolivia, Miguel Ángel Rodríguez, Costa Rica, Fernando de la Rúa, Argentina, Álvaro Uribe V., Colombia y Juan Carlos Wasmosy, Paraguay.
    Estos señores desmemoriados hacen referencia “al desbordamiento dictatorial en Venezuela” ignorando que el desbordamiento de 20 años de la dictadura venezolana tiene su origen en la inundación ocasionada por el desbordamiento de la tiranía de 58 años en Cuba. Estos hipócritas, que se ‘rasgan las vestiduras’ para defender los derechos humanos de los venezolanos, no muestran sentimiento alguno por los cubanos.
    Dejan bien clara su opinión de que nosotros no tenemos derechos humanos ni derecho a la libertad. Si nos preguntamos por qué no se les ocurrió agregarle las cuatro letras de la palabra CUBA a su rimbombante declaración sobre democracia y derechos humanos la respuesta es fácil: Nuestros mártires, nuestros presos y nuestros opositores no merecen ni solidaridad ni compasión. Ya Cuba no está de moda y ellos nos han condenados a la esclavitud permanente. Pero se equivocan porque nosotros seremos libres por nuestro propio esfuerzo. Daría cualquier cosa por encontrarme a cualquiera de ellos en una Cuba libre para hacerles patente una muestra contundente de mi asco.
    No quiero, por otra parte, incurrir en la indiferencia de la que acuso a estos personajes anodinos y ya ignorados. Dejo constancia de que quiero la libertad de todos los pueblos del mundo y muy especialmente me alegraría la libertad de Venezuela. Pero esa alegría nunca será completa mientras no sea libre mi añorada patria. La Cuba olvidada, ignorada, explotada y prostituida por tanta gentuza que se ha aprovechado de su desgracia.
    Termino dejando bien claro que las decepciones no han sido capaces de borrar mi optimismo ni de reducir mis bríos. Sigo en la lucha con una valiosa enseñanza que me han dado los años. Esa enseñanza consiste en que cada pueblo tiene que llevar su carga sin esperar por nadie y es el principal responsable de su libertad. Porque los pueblos que reciben la libertad de regalo son como esos ricos que han llegado a la opulencia por lotería o por herencia. Casi siempre dilapidan sus bienes porque carecen de la capacidad para administrarlos o del apego que nace de haberlos logrado con su trabajo.
    Cuba y Venezuela serán libres. Más libres de lo que fueron antes de estas amargas experiencias. Porque en el futuro pondrán especial cuidado en salvaguardar la libertad que se han ganado con torrentes de sangre y mares de lágrimas.

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