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Poco antes de la una de la tarde del viernes 5 de agosto de 1994 llegó a nuestro apartamento en La Víbora, Yamila, madre soltera de 21 años que vivía en Los Pinos. Venía con Dondita, como le decían a su hija de 4 años. Me pidió si podía dejarla con nosotros, pues necesitaba ‘ir a La Habana’ (a recorrer tiendas del centro de la ciudad), a ver si le podía comprar un par de zapatos a la niña con 5 dólares que había reunido. Le dije que sí y me aclaró que ella y la pequeña ya habían almorzado.

Como el desayuno en los años duros del período especial solía consistir en un pan de 80 gramos y un buchito de café mezclado, en nuestra casa almorzábamos temprano. Ese día había lo de siempre: arroz blanco, potaje de chícharos y ensalada de pepinos. El ‘plato fuerte’, un huevo per cápita, se dejaba para la comida. Mi nieta Yania había nacido el 3 de junio de 1994 y tenía dos meses. Mi hija Tamila le daba el pecho cada tres horas y ella y mi madre, entonces de 79 años, eran las únicas que desayunaban café con leche, con el litro de leche que en Cuba le daban a los niños al nacer.

Iván había almorzado y no vi cuando salió de la casa: creía que estaba en su cuarto oyendo radio. Serían las 2 y pico de la tarde (8 y pico de la mañana en España) cuando suena el teléfono, era Lissette Bustamente quien desde el diario ABC en Madrid, me llamaba para decirme que había gran cantidad de personas protestando por las cercanías del Malecón y calles aledañas. Le dije que me enteraba por ella, que iba a sintonizar la onda corta, a ver si por Radio Martí, BBC o Radio Exterior de España daban la noticia.

Teníamos el televisor roto y crucé a casa de Magaly, la vecina de enfrente, le conté lo que estaba pasando y le dije que prendiera el televisor y si decían algo, me llamara enseguida. Como a las 3 regresa Yamila, sofocada, nerviosa. Había cogido la ruta 13 y se bajó en Monte y estaba mirando por las dos peleterías que había en Monte y Águila, cuando ve una multitud de gente corriendo rumbo al Paseo del Prado, para bajar hacia el Malecón. “Gritaban Abajo Fidel y algunos tenían palos”, me dijo. Se fue al Parque de la Fraternidad y logró coger una ruta 13, atestada de gente que también había decidido alejarse del lugar, pues sabían que pronto llegaría la policía.

Yamila recogió a la niña y se fue enseguida, a buscar de nuevo una ruta 13, que pasaba por Los Pinos. En eso Magaly me grita: “Tania, apúrate, que la televisión está poniendo a Fidel, está en el Capitolio”. Cruzo corriendo la calle y veo que Fidel se ha bajado de un yipi frente al Capitolio, por la parte del cine Payret, o sea, por Prado y San José. Aún se veía gente que gritaba Abajo Fidel: ellos no sabían que él había llegado al lugar, rodeado de escoltas con armas largas y más de un centenar de personas, que aplaudían y daban vivas a Fidel. Increíblemente, los que hasta ese momento gritaban Abajo Fidel, comenzaron también a aplaudir y dar vivas al comandante.

Eso no me lo contó nadie: lo vi por la televisión cubana, ojalá conserven las imágenes y las pongan sin editar. Mi padre siempre decía que los cubanos eran unos cambiacasacas. Y aquel día comprobé que tenía razón.

De que Iván y varios amigos se habían ido con un chofer de la ruta 15 para el lugar de las protestas me enteré años después. Aquel día, Iván andaba en short, camiseta y chancletas y a la casa regresó sobre las 9 o 10 de la noche. Él y sus amigos lograron no ser arrestados. Tuvieron suerte, porque el 5 de agosto y en los días posteriores, miles de personas fueron arrestadas en La Habana, casi todos jóvenes y que se supiera, ninguno era opositor abierto al régimen. Aquella fue una revuelta espontánea y cien por ciento popular.

El 10 de agosto llegó a La Habana el periodista Santiago Córcoles, de ABC. Estuvo un mes reportando sobre el Maleconazo y la estampida marítina de agosto de 1994. A diario le acompañé, lo conté en mi blog, en Reportando bajo el sol: http://taniaquintero.blogspot.ch/2011/05/periodista-nada-mas-vii-reportando-bajo.html

Cuando Córcoles se fue, llegó Alberto Sotillo, también de ABC, a darle seguimiento al trabajo realizado por su colega. Entre otros entrevistados, recuerdo a un joven negro que había participado en las protestas del 5 de agosto, había salido en una foto y estaba escondido en un cuarto de difícil acceso en un solar de la calle Jesús Peregrino, Centro Habana.

Agosto y septiembre de 1994 fueron dos meses intensos como periodista-guía de los periodistas españoles Santiago Córcoles y Alberto Sotillo.

En 1995, cuando ya era periodista independiente, algunos conocidos se me acercaron para que yo les diera el visto bueno y firmara historias que ellos habían inventado de su supuesta participación en el Maleconazo. El típico caso de oportunismo y fraude de algunos compatriotas: siempre queriendo pescar en río revuelto o acreditándose cosas que no hicieron.

Dudo que un Maleconazo se repita en Cuba: los cubanos no están por la labor de tirarse a la calle a protestar ni de hacer una huelga general. Y los disidentes tampoco. Pero sí creo que los más de 500 mil cubanos que han decidido ganarse la vida como emprendedores privados, constituye un segmento importante de la población que no se debe perder de vista.

Pero como la disidencia sigue perdida en el llano, dando palos de ciego, en vez de acercarse a los cuentapropistas, escuchar sus problemas y darles repercusión (los únicos que lo están haciendo son los periodistas independientes), acaban de reunirse con dos curas católicos (https://www.martinoticias.com/a/activistas-sacerdotes-dialogo-papel-iglesia-oposicion-cuba/150393.html), que serán tipos chéveres, pero no creo tengan mucho cuando lo que se necesita es acción y no tanto blablabla.

 

Tania Quintero Antúnez

Lucerna, 5 de agosto de 2017.
http://www.martinoticias.com/templates/ocb-Articles.rss?sectionPath=/noticias/cuba
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