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Pabellón de CAVA Exports durante la 34 Feria Comercial de La Habana, en octubre de 2016.

Por John S. Kavulich*

Los representantes del gobierno cubano continúan entreteniendo a numerosas personas en Estados Unidos y en otros países con sus declaraciones sobre el deseo abrumador de que empresas del mundo entero se comprometan a hacer negocios con la isla.

Desgraciadamente, el gobierno de Cuba cuenta con muy pocas evidencias correspondientes para ilustrar un compromiso proporcional y, en concreto, el deseo de convertirlo en realidad. Las empresas han querido hacer más de lo que el gobierno cubano ha querido hacer.

La lista de empresas -incluidas las de Estados Unidos- que desean exportar, importar, prestar servicios e invertir en Cuba, es cada vez mayor; el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) y el Ministerio de Comercio Exterior (MINCEX) dicen que están inundados con tantas propuestas como llamadas telefónicas (correo de voz) y correspondencia (cartas, correos electrónicos, mensajes de texto) que buscan una respuesta.

Un desafío envidiable

Para la mayoría de los gobiernos, un desafío envidiable; para el gobierno de Cuba la actividad representa una velocidad potencialmente dañina por un vehículo ideológicamente enmascarado cuyo destino final puede ser desconocido, pero con un resultado final seguro: interrupción y cambio. Cada uno inalterable.

Si hay tantos deseosos, ¿por qué el número de empresas estadounidenses con acuerdos para exportar, importar, prestar servicios y crear inversiones directas dentro de Cuba permaneció anormalmente limitado?

Desde el 17 de diciembre de 2014, aproximadamente 50 compañías estadounidenses tienen una presencia operativa (ninguna inversión extranjera directa) en Cuba: las empresas se concentran principalmente en el sector de viajes (apoyando a visitantes de Estados Unidos, que tienen el mayor margen de ganancia neta para cualquier visitante de Cuba) y más aún se dedicaban a traer ingresos a Cuba. Algunas empresas han donado sus productos y/o servicios. Esta presencia operacional no incluye a las empresas que exportan productos de salud, productos alimenticios y productos agrícolas hacia Cuba de acuerdo con las disposiciones de los estatutos promulgados en 1992 y 2000.

Si tal vez el 2% de las reuniones, recepciones y conferencias celebradas desde el 17 de diciembre de 2014 en Washington DC y  La Habana, sin contar los cientos de delegaciones (oficiales y no oficiales) cuyos participantes eran representantes de empresas estadounidenses ) con los representantes de MINREX y MINCEX ha dado lugar a acuerdos, el paisaje comercial bilateral se muestra hoy como un obstáculo formidable ante cualquier ruptura comercial, económica o política. Algunos argumentarían que el paisaje sería impermeable a la interferencia. Eso no es lo que quería el gobierno cubano; preferían el interés a la realidad.

Elasticidad comercial

El interés de las empresas estadounidenses sirvió de cebo al gobierno cubano para atraer el interés de empresas de otros países. Funcionó. Desafortunadamente para el gobierno, si el pescador se queda sin cebo (un mercado que supuestamente tiene ingresos para sostenerse y las empresas que quieren participar en ese mercado), los peces (en este caso las empresas, las instituciones financieras y gobiernos) se dirigirán a otros lugares para nutrirse. Eso está sucediendo … y no debería.

La elasticidad comercial, económica y política de 57 años, la barrera de la realidad que protegía al gobierno cubano de los cambios que aborrecía, y que mantenían un status quo progresivo, ya no existe. No hay más salvavidas para amortiguar o albergar a Cuba. Los fondos proporcionados por los benefactores de manera casi permanente y desprovistos de obligación, ahora requieren disciplina fiscal, lo que significa disciplina política … y cambio.

Trágicamente para la comunidad empresarial de Estados Unidos, la administración Obama y el gobierno cubano se comprometieron por ocho años a una mala práctica comercial. Que ninguno de los dos partidos modeló para un resultado electoral del 8 de noviembre de 2016 que no fuera una victoria para el candidato del Partido Demócrata, desencadenó un fracas tan evitable como catastrófico.

Complicado. Aún se debe responsabilizar en  la cadena de oportunidades desnutridas en estos años a los miembros del Congreso, los abogados, los grupos de cabildeo (ambos autoproclamados por encima del radar y por debajo del radar), los académicos y los comentaristas que se centraron en buscar remedios legislativos en lugar de remedios reglamentarios, y se adhirieron a la discutida exclusión. Ahora, a pesar de despilfarrar los últimos 25 meses de la administración Obama, buscan el apoyo financiero y político de las compañías estadounidenses para crear resistencia a lo que la administración Trump puede implementar. Asombrosa audacia.

Titanes del fracaso

Recordando algunos de los más escandalosos Titanes de Fracaso: 1) dos importaciones comerciales autorizadas: café y carbon. 2) 50% de lo que se requería para las cuentas directas en los bancos. 3) dos reuniones sobre reclamaciones certificadas en 2,923 días (766 días si se calcula a partir del 17 de diciembre. 4) eliminación limitada de las restricciones para transacciones financieras (la eliminación completa habría alentado la actividad bancaria y las operaciones de tarjetas de crédito y de débito). 5) Secretarios de gabinete en desacuerdo acerca de si sus delegaciones podrían incluir a representantes de compañías de Estados Unidos. Sin embargo, más de 200 representantes del gobierno de Estados Unidos visitaron Cuba durante los últimos 26 meses de la administración Obama, incluyendo al Presidente, la Primera Dama,  la Segunda Dama y seis miembros del gabinete.

Aunque está autorizado por los reglamentos implementados durante la administración Obama y hasta ahora ininterrumpidos durante la administración Trump, ¿por qué el gobierno de Cuba no ha permitido oficinas de representación (excepto aerolíneas), tiendas minoristas, centros de distribución, instalaciones de montaje (incluso a título de prueba) y no se permite a las empresas estadounidenses exportar directamente a los más de 200 negocios categorizados con la debida licencia? Cada una de estas actividades está autorizada por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) el Departamento de Comercio y Departamento de Estado.

Debido a una pastilla de freno ideológico que impide el impulso, la eficiencia, la creatividad, la toma de decisiones y, más onerosamente, impide el cese de la conversación (terminar la charla y “hablar de la charla” y embellecer y agrandar la “charla”) el pivote de la nada a algo permanece inconsistente y demasiado a menudo ilusorio. La determinación de la trayectoria de deslizamiento de la nada o poco a algo se ha convertido en un ejercicio agotador.

Es casi como si el gobierno cubano quisiera que las compañías estadounidenses no se interesaran porque el resultado tiene más valor político: la victimización. ¿Para quién tiene valor político? ¿No es una meta crear mayores ingresos disponibles para la ciudadanía y disminuir su dependencia del gobierno?

Ecuación en orden inverso

El gobierno de Cuba debe dejar de enfocarse en el “embargo” y concentrarse en el uso de los estatutos, reglamentos y políticas existentes en Estados Unidos para mitigar su impacto en la nación, lo que podría haber sido una estrategia exitosa desde enero de 2009 a enero de 2017.

Hay empresas estadounidenses que creen que pueden aportar valor a los 11,3 millones de ciudadanos cubanos; el gobierno de Cuba no cree en la gestión de esas empresas.

El único medio para determinar si la sospecha del gobierno cubano está justificada es permitir una presencia, monitorear esa presencia, evaluar esa presencia y luego determinar su valor. Eso significa aceptar el riesgo. Eso significa tener confianza.

Hasta ahora, el gobierno cubano está trabajando la ecuación en orden inverso, desprovista de pruebas, lo que potencialmente significa más años en función de “hablar”.

La estrategia del gobierno cubano debe ser aprovechar el interés de las empresas estadounidenses.

Lo que no necesitan las empresas de EEUU

El MINREX y el MINCEX dicen que los ejecutivos de las compañías estadounidenses (en algunos casos calificados como “desesperados”) quieren entrar en el mercado cubano en los términos existentes para firmas de otros países que ingresan en la economía del país. Déjenlas entrar.

Esa generosidad de las empresas estadounidenses para contrarrestar la atmósfera política predominante en Washington está disminuyendo. Ninguna empresa en Estados Unidos necesita acceder al mercado cubano; es difícil de asimilarlo para un ego como el de Cuba, pero hasta que eso no se entienda, la relación comercial, económica y política bilateral continuará simultáneamente apretando el freno y el acelerador. Una dirección correcta no puede ser cambiante.

El gobierno cubano sirve como fiduciario para el sustento de 11,3 millones de ocupantes del archipiélago de 800 millas. A veces, actuar en contra de los intereses del fideicomisario está actuando por los intereses de quienes son servidos.

Quedan 60 días para que la OFAC, el BIS y el Departamento de Estado emitan sus revisiones a las regulaciones existentes.

La distancia en el tiempo hasta el 15 de septiembre de 2017 necesita ser utilizada sabiamente por las partes interesadas en Washington y en La Habana.

*Presidente del Consejo Económico y Comercial Cuba-EEUU. Traducción: CaféFuerte

La entrada Las empresas estadounidenses ante el freno ideológico de Cuba aparece primero en Cafe Fuerte.

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