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Hoy sólo me queda la esperanza de poder regresar un día a mi Cuba, entrar a la casa de mi infancia, ir al mar con mi madre, acompañar a mi tío mientras pinta uno de sus cuadros

ICLEP: El otro crimen cometido el 13 de julio: el fusilamiento de Arnaldo Ocho y otros cuatro cubanos de la Causa No 1.

El testimonio de Ileana de la Guardia

Cartas a Ofelia / Crónicas cubanas desde Francia
Fusilamiento de Arnaldo Ochoa y otros 4 cubanos
Cubamatinal / París, 12 de julio de 2014.
Mi querida Ofelia:
Cada año, al final del curso universitario, paso a mis estudiantes de letras, muchos de los cuales cursarán posteriormente estudios de leyes, para convertirse en abogados o jueces, la participación de Ileana de la Guardia en el programa cultural de Bernard Pivot Apostrophes, que era el más importante de la televisión gala. Allí Ileana presentó su libro “Le Nom de mon père”. A continuación, les proyecto el excelente documental “8A”, como ejemplo de lo que es un proceso estalinista puro y duro, pero que no se llevó a cabo en Moscú en los años treinta, sino en La Habana en 1989.
El debate que sigue es siempre profundo y de gran calidad. Los jóvenes franceses reaccionan muy positivamente y me muestran su admiración por los condenados. Los chicos quedan fascinados por Ileana.
Es que sin lugar a dudas Ileana de la Guardia posee un refinamiento, una distinción y un cachet poco común. ¿Será la más parisina de las cubanas o la más cubana de las parisinas? Junto a su esposo, Jorge Masetti, forma una pareja símbolo de glamour. Alguien dijo: “el lujo se puede comprar, la elegancia no.” Pero no nos podemos equivocar, detrás de su elegancia material y espiritual se encuentra el carácter de una valiente mujer que sigue luchando contra vientos y mareas por el honor de su padre y la vida de su tío.
Mañana trece de julio se cumple un año más del fusilamiento de su padre junto al general Ochoa y un grupo de altos funcionarios cubanos.
Como a otros grandes amigos, le pedí a Ileana su testimonio y aquí te lo envío. Te ruego que lo imprimas y lo hagas circular entre nuestros amigos y disidentes en San Cristóbal de La Habana de la forma que ya conoces.
Ileana-“Fue en el verano del año 1989 cuando perdí a mi padre Antonio de la Guardia, esta tristeza por la ausencia definitiva de un ser querido, se volvería a repetir al dejar a mi familia, cuando decidí con mi esposo Jorge Masetti abandonar a Cuba. Vivir en mi país se había convertido en una angustia cotidiana.
Mi padre tenía 51 años al momento de su muerte, era un hombre de espíritu joven, pleno de vitalidad. Era artista y militar, algo que dejaba ver ciertas contradicciones entre el hombre que servía a un régimen totalitario y el hombre creativo, libre; quizás fue lo que lo llevó a morir condenado por traición a la Patria frente a un pelotón de fusilamiento.
Si bien mi relación con él se había desarrollado esporádicamente, pues desde el divorcio con mi madre no vivíamos juntos, a través de nuestros sucesivos veranos pasados en el mar en un barco de vela, aprendí a apreciar su compañía y a querer a ese hombre generoso, lleno de afecto, que se convirtió en mi mejor amigo.
Fue detenido el 13 de junio, día de su cumple años y fue fusilado el 13 de julio, un mes después. ¿Pura coincidencia o simple cálculo macabro de Fidel Castro? Nunca lo sabré, pero poco importa. No me dejaron el tiempo necesario para una larga despedida, ni de una buena defensa jurídica, como existe en los países civilizados, donde la vida tiene su justo valor.
Con gran placer dos años después, al recibir mi carta de refugiada política en Francia, sentí una gran alegría y comencé a recuperar la confianza en el ser humano, en el hombre que respeta la vida. Al fin podía vivir en un país donde la pena de muerte había sido abolida. Francia se convirtió en mi nuevo hogar. Y si me voy por un tiempo la añoranza me invade.
Las pinturas de mi padre me acompañan como un sueño en colores, están en mi pequeño apartamento parisino, son un recuerdo nostálgico de mi país y de mi familia. Mi abuela paterna murió en el año 2001, y como era católica, yo en París la recordé con una misa en la Iglesia Saint Severain. Ella era una señora pequeña, menuda, de temperamento alegre, que le gustaba cantar cuando se tomaba un Martini en los aperitivos que habitualmente hacían mis abuelos. No puedo decir que tuve una infancia difícil, ni triste. Crecí en una casa alegre, abierta a la calle, donde todo el mundo podía pasar en el día sin avisar. Era una casa muy grande, con amplias ventanas cerca del mar, construida por mi abuelo en los años cuarenta. Cuando había mal tiempo, el mar agitado podía escucharse en ella y por donde pasabas el dedo palpabas la sal. Había una gran biblioteca con libros antiguos, con fotos de otros tiempos. Mi abuela conservaba grandes cajas con viejos objetos de plata y manteles de hilo, que ella se empeñaba en limpiar y utilizar en nuestros almuerzos dominicales.
Recuerdo las dos semanas antes de mi partida con una gran tristeza, mi tío Patricio, el hermano gemelo de mi padre, estaba en encarcelado, condenado en el mismo juicio que mi padre, sin defensa, ni posible puesta en tela de juicio de su condena. Él había sido militar. Sólo le dejaron los pinceles para soportar su difícil condena, pues él también amaba y ama la pintura. Hoy gracias a su arte, pinta uno bellos paisajes, muchas veces con un elefante solitario en la sabana africana, simbólico contenido después de lo vivido.
Mi tío, junto al general Ochoa había vivido la guerra de Angola, él era el jefe de la información militar y al inicio del año 1989 había dicho a Fidel Castro: “ésto es un problema de los angolanos, nosotros somos percibidos como un ejército de intervención” Había insistido para ir a las negociaciones de paz y retirar las tropas cubanas. A Castro no le gustó que le dijeran lo que había que hacer, como tampoco le gustó que Ochoa lo percibiera como un loco y todavía menos, que lo dijera en alta voz y lo compartiera en sus reuniones con mi tío y mi padre, que eran amigos suyos.
Cuando el juicio comenzó contra ellos, nadie sabía muy bien de qué serían acusados. Sólo el titular de un artículo en el Granma (órgano oficial del partido comunista cubano), me dio un mal presentimiento, el mismo decía:
“Lavaremos con sangre esta traición a la Patria”, es decir que, la sentencia ya estaba dictada. También avanzaban la condena por tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. Yo conociendo la ética de mi padre y mi tío, me parecía que alguien me contaba una mala película inventada por el régimen para deshacerse de ellos. Además que objetivamente veía muy difícil de explicar, cómo Ochoa podía participar en un tráfico de droga desde Cuba hacia Estados Unidos, si él estaba dirigiendo las tropas cubanas en África junto a mi tío. Mi padre por su parte, dirigía un servicio del Ministerio del Interior, llamado M.C., que había sido creado para contornar el embargo americano y buscar material médico entre otros que Cuba no podía procurarse por vías legales. Yo sabía que los grandes aparatos de IRM que tenían algunos hospitales cubanos era gracias al servicio del M.C. Éste los había sacado de los Estados Unidos por medio de lancheros que vivían en Miami.
Los lancheros estaban mezclados a tráficos ilegales, por supuesto que no eran hombres de negocios legales. Esos lancheros pidieron favores a cambio, como recibir ayuda logística en las aguas territoriales cubanas y por supuesto, el gobierno dio la luz verde y el departamento de mi padre debía ocuparse de abastecerlos de combustible, agua, etc. Estas lanchas debían quedarse en mar afuera y no tocar tierra. Como estos hombres eran vigilados por la D.E.A., algunos fueron detenidos y los servicios americanos supieron que la oficialidad cubana estaba en contacto con ellos, por lo cual decidieron hacerlo público para condenar al régimen cubano. Fidel se les adelantó y sacrificó a mi padre y se deshizo de Ochoa: un peligro político menos.
Vivo en París desde hace 23 años. Soy sensible a los problemas de Francia. Mi hijo nació en esta ciudad hace 15 años. Cuando mi familia y yo recibimos la nacionalidad francesa en junio del 2010, sentí una gran tranquilidad, pues por fin mi país de residencia, sería oficialmente para siempre mi país adoptivo. Y en mi viejo apartamento del barrio latino contemplé el patio florecido de hortensias y jazmines. Me puse a leer de nuevo el libro que mi padre me había ofrecido cuando era adolescente, éste se llama Juan Sebastián Gaviota y cuenta la historia de una gaviota que es rechazada por el grupo por volar más alto que las otras y ser diferente. Lindo mensaje contradictorio con la realidad de una joven que debía seguir el dictamen de la juventud comunista. En realidad creo que mi padre ya en aquel momento creía en la capacidad del hombre que ha de ser libre y diferente de los otros. Quizás esto me dio la fuerza para irme de Cuba y rehacer mi vida.
Hoy sólo me queda la esperanza de poder regresar un día a mi Cuba, entrar a la casa de mi infancia, ir al mar con mi madre, acompañar a mi tío mientras pinta uno de sus cuadros y… a pesar de mis tristes recuerdos, pasear por La Habana con una nueva mirada. Sé que sólo verdaderos cambios en la política del régimen me permitirían regresar.”
Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,
Félix José Hernández.
Le nom de mon père.
Ileana de la Guardia
Editions Denoël
308 páginas
ISBN: 2-207-25057.1

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