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Trump y Cuba, o cómo apostar por el ganador equivocado

REINALDO ESCOBAR, La Habana | Junio 13, 2017

Faltan menos de 72 horas para que el presidente Donald Trump exponga en

Miami las nuevas bases de la política del Gobierno de Estados Unidos

hacia Cuba. En ese momento podrían frenarse –o revertirse– las

decisiones de su predecesor, Barack Obama, durante el proceso de

normalización diplomática con la Isla.

El magnate hará del anuncio un espectáculo como tantos que ha

protagonizado desde que está al frente de la mayor potencia del planeta.

Gesticulará, se comprometerá con los derechos humanos y arrancará

entusiastas aplausos, pero después regresará a la Casa Blanca y la Isla

quedará relegada en su agenda.

¿Por qué confiar el destino de este país a un hombre que no ha podido

cumplir ninguna de las promesas electorales que hizo a sus propios

ciudadanos? ¿Acaso la política hacia Cuba será lo único que le salga

bien a quien se ha comportado como un elefante político en un delicado

mundo de cristal?

Trump intentará complacer a las voces que piden apretar las clavijas a

La Habana. Sanciones, recortes y revocación de las medidas tomadas

durante el deshielo están entre las demandas de quienes apuestan por la

confrontación, una estrategia que contó con medio siglo para demostrar

su ineficacia.

El mandatario se dirigirá especialmente a esos que insisten en "cerrar

el grifo", cortar la comunicación y cercenar los suministros a la

dictadura más larga de occidente, como si en la casa de los jerarcas del

Partido Comunista fuera a faltar la electricidad, el agua o el acceso a

internet por tales medidas.

Resulta sintomático que los reclamos de estrangulamiento económico rara

vez brotan de quienes esperan largas horas por un ómnibus, dependen cada

día del pan que se distribuye en el mercado racionado y tienen que

estirar un salario mensual que apenas alcanza para sobrevivir una semana.

Por otra parte, culpar a la "mano blanda" de Obama del naufragio de la

normalización lleva a olvidar que quienes mandan en Cuba no aprovecharon

la oportunidad por miedo a perder el control. Se asustaron más con su

discurso en el Gran Teatro de La Habana que con cualquier amenaza de

intervención militar.

Los que han aspirado durante décadas a una rendición incondicional, a la

venganza justiciera y al "todo o nada" con el castrismo, tampoco

perdieron el tiempo en ponerle zancadillas al proceso iniciado el 17 de

diciembre de 2014. A partir de este viernes se verán obligados a aceptar

cada cosa que ocurra tras las decisiones de Trump o a reconocer que

tampoco así se sale de una dictadura.

Las cifras de detenciones arbitrarias recopiladas por la Comisión Cubana

de Derechos Humanos es poco probable que disminuyan significativamente,

las Damas de Blanco seguirán sin poder marchar por la Quinta Avenida al

oeste de La Habana y los grupos de oposición se mantendrán sumidos en la

ilegalidad y la persecución política.

¿Cuáles serán las consecuencias previsibles en la Isla de un retorno a

la política del garrote? Un incremento de la represión y un mejor

posicionamiento de los sectores más conservadores. La Plaza de la

Revolución, la tiranía de los Castro, el régimen… o como prefiera

llamársele, no estará solo ante un apretón de tuercas de parte de

Washington.

Rusia, China, Angola, Nicolás Maduro y los camaradas de Corea del Norte,

Congo, Zimbabue e Irán se apresurarán a tomar partido por Raúl Castro.

Mientras, en las calles de la Isla la población marcará el paso en

renovadas marchas del pueblo combatiente, enarbolará consignas

antiimperialistas y aceptará la postergación de las viejas promesas de

la Revolución.

Frente a "la nueva arremetida del imperio" el oficialismo reforzará su

vocación de atrincheramiento. En la cúpula no habrá fisuras ni

discrepancias. Los perseguidores reforzarán su poder y gozarán de

impunidad para aplastar cualquier resistencia.

Trump no va a lograr con sus nuevas medidas que los estudiantes

universitarios vuelvan a desfilar con un cartel de "Abajo la Dictadura",

los sindicatos convoquen a una huelga general contra el Gobierno o que

los campesinos marchen a las ciudades reclamando tierras.

Ni siquiera está claro si el presidente aguantará cuatro años en su

cargo, acorralado como está por los escándalos políticos, una supuesta

intervención del Kremlin en las elecciones que lo llevaron al poder y su

desafortunada manera de gestionar la política a través de tuits

incendiarios o amenazas.

Sus decisiones tampoco provocarán en la Isla un Maleconazo, como el de

agosto de 1994. Aquella protesta popular fue espoleada por los deseos de

escapar del país, no por cambiarlo. Aquellos dramáticos sucesos no

resultaron convocados por la oposición y tampoco generaron cambios

políticos, apenas la Crisis de los Balseros.

Un estallido de ese tipo sería una pesadilla para un líder con un

marcado nacionalismo y una evidente fobia antiinmigrantes.

Este viernes el presidente norteamericano tendrá su momento frente al

exilio cubano. Los aplausos le durarán poco. El efecto placebo de sus

anuncios se disipará para dejar paso a la obstinada realidad de que

ninguna decisión de un Gobierno extranjero cambiará Cuba, tenga al

frente a Barack Obama o a Donald Trump.

Source: Trump y Cuba, o cómo apostar por el ganador equivocado –

http://www.14ymedio.com/nacional/Trump-Cuba-apostar-ganador-equivocado_0_2235376448.html
http://dictaduracastrista.blogspot.com/feeds/posts/default
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