Cuba Blog – Blogs from Cuba
Calendario
Ayuda a Iniciativa Cubaverdad
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Google – Web

Google – Sitios Cubaverdad
Busca en Blogs de Cuba con Google
Loading


Follow this Blog
Categorias

Por el boulevard de los sueños rotos

Desde el punto de vista social, político y económico pocos imaginan en

Cuba una vuelta al país que en ese sector del exilio, actualmente en

extinción. aún se añora a diario

Redacción CE, Miami | 17/06/2017 10:13 am

Ya son 58 años transcurridos y no han logrado nada. Bueno, al menos en

lo que dicen todos los días: el fin del régimen de La Habana. Porque en

otros aspectos no se pueden negar sus éxitos. Pero esa repetición diaria

de conceptos caducos solo encuentra cabida en un sector cada vez más

reducido del exilio cubano de Miami.

Aunque no se puede negar su importancia como desahogo emocional. Hay que

destacar esa capacidad inmutable para alimentar una ilusión.

Con los años, esa ilusión fue alejándose de su fuente de origen y

adquiriendo una fisonomía propia. Desde el punto de vista social,

político y económico pocos imaginan en Cuba una vuelta al país que en

ese sector del exilio —actualmente en extinción— aún se añora a diario.

Ese futuro en forma de pasado, que podría fulgurar sin la presencia de

los hermanos Castro. Lo triste del caso es que ese pasado ya ha

regresado a Cuba. Es al menos lo que se ve en sus calles. Pero no en el

esplendor de los años 50 sino en la pobreza de esos mismos años.

Esta ilusión que provoca escepticismo en Washington, bromas en Madrid y

una sacudida de hombros en Berlín todavía entretiene a algunos

exiliados, que por otra parte no dejan, en lo personal, de garantizar su

hoy y mañana: pagar impuestos e hipotecas, luchar por mantener sus

trabajos y educar a sus hijos.

Son los que hablan a diario sobre el futuro de Cuba, pero pocos se

arriesgan a definir el suyo de acuerdo al destino de la Isla. Ello los

descalifica para participar en cualquier decisión al respecto, pero no

es lo único que se los impide.

Resulta patético escucharlos aún, en las tribunas que todavía dominan.

Esta última visita del presidente Donald Trump a Miami —el mismo día que

reconoció que está siendo investigado— es una triste reafirmación de

que, en esa algarabía que encuentra eco en la radio y televisión de la

ciudad, en su cara más visible y estereotipada una parte de la comunidad

exiliada sigue prisionera de la arcadia del pasado —batistiana y

reaccionaria— y se limitada a las mismas justificaciones cansadas y

perennes. Aunque todo ello no impide reconocerles el valor de su

obsesión, y en algunos casos incluso la justeza de sus propósitos y la

razón de esas apuestas que siempre han terminado perdiendo.

Tampoco hay que dejar de saludar los beneficios terapéuticos —también

desde el punto de vista emocional— que para dicho grupo anquilosado

representa ese renacimiento tardío que les ha proporcionado Trump a

cambio de unos cuantos votos. Precio no demasiado elevado en cuanto al

panorama político nacional estadounidense —la noticia del discurso de

Trump apenas mencionada en la prensa que de verdad importa, opacada por

los líos en crecimiento continuo de la Casa Blanca— y acompañada de

figurantes intrascendentes para el futuro de Cuba.

Durante décadas también, las características del proceso electoral

norteamericano les brindó la posibilidad de incidir en un futuro en que,

en lo personal no se jugaban nada.

Sin embargo, a los efectos de importancia para lograr la democracia en

Cuba, Trump ni siquiera decepcionó. Simplemente añadió otro apéndice

inútil a un resultado anunciado. Durante mucho tiempo la política de

Estados Unidos hacia el Gobierno de La Habana no se juzgó por su

efectividad sino por su complacencia emocional hacia un sector de esa

comunidad con derecho a voto. La paradoja era que existía un grupo

numeroso de cubanos que, en cierto sentido, habían renunciado a serlo,

pero no a proclamarlo: adquirido la capacidad de votar como

estadounidenses, pero no de acuerdo a lo que resultaba mejor o peor para

su país de adopción, sino a partir de lo que ellos creían era lo más

conveniente para la nación de origen. Se convirtieron en extranjeros por

conveniencia o por ideales sinceros, pero no por ello renunciaron a

tratar de influir en el futuro de la patria que dejaron atrás.

Planteado en estos términos, la ecuación no resultaba por sí misma

reprobable, pero no así en cuanto al desarrollo práctico.

Lo no tan meritorio ocurrió cuando esa influencia no logró guiarse por

criterios espontáneos y efectivos, sino quedó en mano de vocingleros,

demagogos y aprovechados, que en algunos casos incluso se valieron de la

inmadurez política —la frustración y el desencanto de quienes aspiraban,

pero no podían influir en los destinos de su país— para escalar

posiciones políticas.

Cuando llegó un inquilino a la Casa Blanca que no respondía a los

intereses estrechos de quienes no votaron por él llegó la hora del

pataleo. Ese pataleo ha reverdecido con el presidente actual, que dice

abrazarlos cuando en realidad ni siquiera es capaz de colocar la

política hacia Cuba al mismo nivel en que la dejó el expresidente George

W. Bush, y que impunemente se proclama "dialoguero" y negociador, en

medio del regocijo de ese exilio que por décadas se había proclamado

"intransigente". Bush y no Castro es el gran perdedor del discurso de

Trump el viernes en Miami. Un presidente que entre vítores se apropia y

repite lo establecido en una ley —la Helms-Burton— que en ningún momento

ha dejado de estar vigente. Pero lo más asombroso es que tanto Trump

como el senador Marco Rubio y el legislador Mario Díaz Balart incorporen

en su retórica la estrategia de Obama de emponderar el sector productivo

privado y lo disfracen con una ampulosidad "empresarial" que la práctica

es imposible de llevar a cabo.

Así que esa vuelta a la retórica de línea dura no es solo una vuelta al

pasado sino una continuación del empeño demostrado por décadas, tanto

por gobiernos demócratas como republicanos, de cambiar algo para todo

siga igual. Ahora al menos, la definición entre lo útil y lo inútil es

más clara que nunca.

Source: Por el boulevard de los sueños rotos – Artículos – Opinión –

Cuba Encuentro –

http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/por-el-boulevard-de-los-suenos-rotos-329732
http://dictaduracastrista.blogspot.com/feeds/posts/default
Go to article

Noticias relacionadas:


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *