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Existe en el carácter de los cubanos la capacidad de conmoverse frente a los estímulos que gravitan el cercano entorno de sus afectos. Es, utilizando variables psicológicas, una característica que lo distingue de otros pueblos. Las pasiones, como impulsos de la sensibilidad y parte natural de la psicología del hombre, se orientan hacia la realización de algo o lo contrario. Este puede ser interpretado como bueno o malo y se combina, de hecho, en una relación dual muy utilizada (amor-odio) por ejemplo. También, lo sabemos todos, la ecuación alegría-tristeza y tantas más. La pasión más importante, cuyos orígenes están en el corazón -como acostumbran a decir los poetas- es el amor. De ahí que los cubanos, capaces de amar sin medidas, sean apasionados al por mayor.
En Miami, el presidente Trump, como bien afirma Zoé Valdés, demostró una gran genialidad en el manejo de un auditorio eufórico de patriotismo puro y apasionamiento cerval. Lo hizo con la palabra. Esa herramienta tan aguda y filosa que durante años ha adormecido el alma de la nación cubana. Fue un discurso simple, emotivo, bien estructurado y escrito para una audiencia cansada de ver como antes sus ojos, y sin poder hacer nada, el anterior presidente abría ventanas a la dictadura mientras ésta le lanzaba la puerta en la cara. Y ahí, el genio Trump -repito que es tomado de mi amiga Zoé– supo grabar, posiblemente, su primer legado al cambiar la permisibilidad de Obama por una política de mayor rigor frente a la dictadura.
El público en el Artime, confiado en un milagro de esta administración, volvía a interpretar el papel que tantas veces ha hecho. Entusiasmarse, hasta más no poder, para frustrarse después, ya lo veremos, cuando todo siga igual. Mirémoslo con precisión. El cambio de política hacia La Habana, está exigiendo al régimen de Castro el respeto a cuestiones básicas de carácter superior: libertades y respeto a los derechos humanos. Todos los gobiernos anteriores lo han hecho. La diferencia con Trump radica en el tono, los énfasis y el escenario para decirlo. Evitar que los militares se favorezcan de las relaciones es importante e inteligente decirlo porque esas fuerzas son los pilares donde descansa la autoridad del régimen. Sin embargo, al no cambiar la política de envíos de remesas, los viajes de los cubanos americanos y las visitas organizadas en grupos, el aparato militar seguirá exprimiendo hasta el último céntimo de divisa que entre al país.
Trump no evita el contacto con el régimen. Lo condiciona. Tampoco vuelve a la época de la Sección de Intereses. Mantiene la embajada. No impide el comercio con Cuba. Lo regula a través de entidades privadas. En este punto cabe preguntarse: ¿Existe un empresariado en la isla con capacidad para interactuar con el vecino del norte? Los asesores del presidente debieron decirle que una dictadura comunista no admite la propiedad privada. Los cuentapropistas no son interlocutores comerciales y sus negocios, que no impactan a la economía de la isla, menos lo pueden hacer en la norteamericana.
La nueva política es un hecho real, pero su impacto en Cuba será el mismo que antes hicieron las medidas de administraciones anteriores. Ninguna, casi lo aseguro, ninguna pone en jaque a la dictadura y todo lo sabemos. Además, el régimen, con su capacidad perversa de renovarse en lo mismo, desde antes estaba preparado para adaptarse a este nuevo escenario de la politica estadounidense.
¿Por qué Trump no puede hacer más si sus verdaderos deseos son que el pueblo cubano tenga democracia, sea próspero y viva en libertad? Sencillamente, porque no puede. Las trabas de todos los presidentes americanos para actuar con dureza en Cuba fueron establecidas por John F Kennedy cuando aceptó el pacto de Nikita Khrushchev durante la crisis de Octubre. Fue en ese momento cuando la suerte del pueblo en la isla quedó atrapada mediante un acuerdo de dos grandes potencias. Justamente, el sábado, 27 de octubre, de 1962, el líder comunista soviético se compromete a retirar los cohetes alados de Cuba a cambio, aseguran los documentos históricos, de la garantía formal y pública de que Estado Unidos no realizaría ni apoyaría una invasión al territorio Cubano. Aquel acuerdo no murió con la desaparición de la URSS. Se mantiene vigente y es el candado que impide acciones mayores contra el criminal régimen de los Castros.
Nota: El reconocimiento a Cary Roque, heroína cubana y extraordinaria mujer, la mención y apoyo moral a los disidentes u opositores, hizo que aquella velada valiera la pena.

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