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por  Gaby Sarduy
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Las Cartas fueron un medio de evangelización importantísimo y entrañable en los albores del cristianismo. Las Cartas de San Pablo o las atribuídas a los apóstoles Pedro, Santiago, Juan y Judas son un testimonio conmovedor y constituyen parte de las Sagradas Escrituras y del Magisterio de la Iglesia.

Muchos de los valores universales sobre los que se apoya la ética occidental están en esas letras, en esas palabras a veces de aliento, a veces de amonestación,  otras testimoniales y también teológicas dirigidas a quienes intentaban ser fieles a ese original mensaje cristiano de amor, responsabilidad, libertad, igualdad que enalteció el valor de la persona humana sin distinción de razas ni credos, ni status social, en aquellos tiempos de expansión pero también de persecución y angustia que signaron al primer cristianismo.

El Magisterio a través de los años también se apoyó en epístolas papales inolvidables escritas para diversas ocasiones o dirigidas a sectores muy variados como las Cartas de Juan Pablo II “a los artistas”, “a las mujeres”, “a los laicos”, o para poner un ejemplo de un Papa involucrado en un hecho político concreto de su tiempo, la aún muy conmovedora y ejemplar Carta de Pablo VI a las Brigadas Rojas pidiendo la Libertad de Aldo Moro.

No puedo explicar ni puedo aceptar como católica que el Papa Francisco utilice con tanto oportunismo político sus “cartas” para alentar a procesadas como Milagro Sala o Hebe de Bonafini cuando la justicia argentina a la cual ellas no respetaron ni respetan, porque siempre creyeron y aún lo hacen en la violencia y la coerción para instaurar regímenes no democráticos, las está juzgando por delitos de corrupción garantizándoles el debido proceso y el derecho a la legítima defensa.

Las cartas que Francisco escribe me entristecen tanto como las que calla: la que no envía a Lilian Tintori o a las madres de los jóvenes-niños que Maduro asesina en Venezuela, o la que no envió a los Nisman, o a la familia de Oswaldo Payá o la que no envió al presidente argentino cuando asumió porque según su vocero “el protocolo no lo obligaba”.

“Que la Virgen la cuide” le desea Francisco a una violenta que mantuvo a toda una Provincia bajo el terror de un estado paralelo y se apoderó del dinero destinado a las viviendas de los jujeños más vulnerables. Milagro Sala nunca tuvo a la Virgen en las banderas de su “organización” por no decir “banda”, sino a el Che Guevara que asesinó a mansalva a cuanto opositor pudo y declaró abiertamente que “el odio a muerte al enemigo” era su motor de lucha… y Hebe de Bonafini sigue incitando a la violencia, descreyendo de la democracia y también ha sido juzgada con todos sus derechos garantizados. ¿Qué tiene que ver el “dolor de una madre” al cual alude el Papa Francisco en su última carta a Bonafini con la estafa que ella perpetró en Sueños Compartidos? ¿Por qué la acompaña como “madre de un desaparecido” cuando la procesan por estafa?

En el Diario la Nación hace apenas unos dias el sacerdote Jorge Oesterheld, párroco de la Catedral de Morón donde fui bautizada por  Mons Juan Antonio Presas “El borrico de la Virgen de Luján”, afirmó que quienes no estamos de acuerdo con lo que está haciendo el Papa Francisco somos personas sin deseo de madurar, que queremos ser un rebaño y nos neganos a ser adultos, finalmente avanza aun más y dice que “la verdadera resistencia a un papa como Francisco no se encuentra en los pasillos de las curias, sino en los secretos laberintos de los corazones que se resisten a abandonar la comodidad que conlleva que otro les diga cómo actuar, pensar y sentir.” (sic) Debo decir que creo no es mi caso, pero sobre todo que me parece tristísimo que un sacerdote se atreva a juzgar así en la intimidad de los corazones de las personas. El teólogo Romano Guardini decía que ante la “persona en sentido propio” sólo nos queda ese gesto de “apartar las manos” jamás juzgar ese espacio último, íntimo que sólo el Señor conoce.

Raro todo esto que nos pasa… El Papa escribe a los -aún poquísimos- que la justicia procesa por robarle precisamente a los pobres, el Cardenal dice hoy que no nos podemos alegrar este 25 de Mayo porque hay pobres, como si no hubiese un gobierno democrático que no solo no desatendió sino que aumentó enormemente la ayuda social…Como si no fuese una fiesta que el presidente al fin sí vaya a la Catedral a agradecer por la República y participe del Te Deum, algo que no pasó durante casi 12 años. El Papa le escribe a Hebe y a  Milagro Sala pero si me resisto a esto, según el padre Oesterheld no quiero madurar o mi corazón está enfermo…

Y sin embargo se mueve….dijo Galileo…

Las cartas de Francisco envía son oportunistas y las que calla son crueles. Todo esto está lejos del amoroso Magisterio de la Iglesia y huele tristemente a operaciones menores de politiquería barata.

Gaby Sarduy 
Buenos Aires, 25 de Mayo de 2017

A continuación la Carta de un Papa que interviene en la política de su tiempo:

  CARTA DEL PAPA PABLO VI
A LOS “HOMBRES DE LAS BRIGADAS ROJAS”
 

Os escribo a vosotros, hombres de las Brigadas Rojas: restituid al hon. Aldo Moro a la libertad, a su familia, a la vida ciudadana.

Yo no os conozco ni tengo modo de tomar algún contacto con vosotros. Por ello os escribo públicamente, aprovechando el margen de tiempo que queda aún antes de cumplirse el plazo de la amenaza de muerte que anunciasteis contra este hombre bueno y honrado, a quien nadie puede inculpar de ningún delito ni acusar de poca sensibilidad social, o de no haber estado al servicio de la justicia y de la civil y pacífica convivencia.

No tengo ningún encargo respecto de él, ni me ata ningún interés privado hacia su persona. Pero lo amo como miembro de la gran familia humana, como amigo desde que era estudiante, y a título completamente único, como hermane en la fe e hijo de la Iglesia de Cristo.

Me dirijo a vosotros precisamente en este nombre supremo de Cristo, que a buen seguro no os es desconocido a vosotros, adversarios ignotos e implacables de este hombre digno e inocente; y os lo pido de rodillas: Liberad al hon. Aldo Moro, sencillamente, sin condiciones, no tanto por mí intercesión humilde y afectuosa, sino por su dignidad de hermano nuestro y vuestro en humanidad, y también en pro del auténtico progreso social, que quiero esperar tenga fuerza en vuestra conciencia, un progreso que no debe mancharse con sangre inocente, ni sufrir el tormento de dolores superfluos.

Demasiadas víctimas hemos tenido que llorar ya lamentando la muerte de personas caídas en el cumplimiento del propio deber. Todos debemos tener temor del odio que degenera en venganza o se doblega hasta caer en sentimientos de desesperación degradante.

Y todos debemos temer a Dios vengador de quienes murieron sin motivo y sin culpa.

Hombres de las Brigadas Rojas: dejadme que yo, intérprete de tantos compatriotas vuestros, pueda alentar la esperanza de que todavía se albergan en vuestros espíritus sentimientos de humanidad que al fin triunfen.

Yo espero la prueba de ello rezando y también amándoos siempre.

Vaticano, 21 de abril de 1978.

PAULUS PP. VI

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