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por Manuel Fernández Rocha*

La democracia es una excepción en la Humanidad. Nació en Grecia hace dos mil quinientos años, en algunas ciudades-estados como Atenas. Después se dio en la República Romana y en algunas ciudades italianas de la Edad Media, como Florencia.

En los tiempos modernos se produjeron revoluciones democráticas en Holanda en el Siglo XVI y en Inglaterra en el XVII. De allí pasó a Estados Unidos e Hispanoamérica en los siglos XVIII y XIX.

Por democracia entendemos el gobierno donde el pueblo tiene participación mediante el voto libre y la pluralidad de opiniones dada a través de diferentes partidos políticos. Por estos principios los cubanos lucharon durante el Siglo XIX, XX y hasta la actualidad. Los mambises luchaban con la consigna Patria y Libertad, tanto por la libertad de la colonia española como por la libertad del hombre, que es un presupuesto de la democracia, pues sin aquélla no existe ésta.

El 20 de mayo de 1902 nace en Cuba la República democrática, pero no todos los gobiernos fueron completamente democráticos. Los de don Tomás Estrada Palma, José Miguel Gómez y Alfredo Zayas fueron de libertad individual y democracia política, pero en los gobiernos de los generales Mario García-Menocal y Gerardo Machado hubo distinta medida de autoritarismo. Después de la Revolución del 33 y con la Constitución de 1940 se dieron tres gobiernos democráticos: Batista, Grau y Prío.

Los gobiernos auténticos de Grau y Prío respetaron grandemente la libertad personal y la democracia política. El defecto de todos los gobiernos de la República, excepto el de Estrada Palma, fue la corrupción administrativa.

El 10 de marzo de 1952, el ex presidente Batista, con el apoyo del Ejército, del que era general, da un golpe de estado. Desde ese momento empezó una gran crisis democrática en Cuba. El golpe de estado encontró una democracia débil y se consolidó. Empezó una lucha estudiantil y popular contra la dictadura, que se hizo armada y terminó con la huida de Batista el primero de enero de 1959 y el triunfo de varios movimientos insurreccionales, que fue capitalizado por el 26 de Julio, que en la figura de Fidel Castro formó gobierno hasta hoy. Como vemos, la democracia en Cuba ha tenido poca vida.

La Humanidad ha tenido más despotismo que libertad y democracia. Los déspotas han reinado durante milenios, y es desde hace pocos siglos que el gobierno democrático se extiende en este mundo. Es indiscutiblemente la mejor forma de gobierno, pero es difícil de lograr a plenitud. Es antiautoritaria y antitotalitaria, pero exige que los hombres participen en el gobierno y en los diferentes partidos conscientemente. Forma ciudadanos, pero algunos hombres prefieren ser súbditos que obedezcan órdenes y no piensen en gobernarse.

En los países de cultura inglesa ha prendido la democracia; en otros, no tanto; mientras que hay regiones donde el despotismo impera. Hay organizaciones internacionales como la ONU que fomentan la democracia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es ejemplo de esto, pero algunos países no la cumplen dentro de sus fronteras, aduciendo su soberanía, pese a que la aceptan formalmente en la ONU.

Hay actualmente países totalitarios que se retrotraen al despotismo de otros milenios; Cuba está entre ellos. El cubano no tiene libertad como persona ni democracia política. No se puede asociar, no puede publicar en ninguna parte si disiente del gobierno; no puede cambiar de domicilio libremente (hay innumerables leyes y disposiciones que lo impiden). El gobierno tiene que autorizarlo a viajar al extranjero y cobra en divisas por eso. Y otros no que harían interminable esta relación. No puede estudiar libremente; si discrepa, pierde el trabajo y la libertad (la de sobrevivir). En general, es un ente dependiente para todo del gobierno, que es muy centralizado, de un solo partido y un solo caudillo (el Máximo Líder).

¿Qué le queda de derechos humanos democráticos a un súbdito cubano? Recibe educación dogmática del gobierno hasta el límite universitario —que es para los progubernamentales— y atención médica mediocre hasta que muere. La buena educación y atención médica es en escuelas y hospitales para la nueva clase dirigente.

De libertad no queda nada. No hay división de poderes. Los tribunales cumplen lo que el gobierno les indica. Así, un súbdito puede estar en prisión internado años sin que haya cometido delito; o puede estar meses y años esperando un juicio y después, sin celebrárselo, ser mandado para su casa sin explicación ni indemnización.

Del derecho de asociación pacífica que todo ciudadano tiene en una democracia, el súbdito totalitario carece totalmente. No puede asociarse libremente en asociaciones culturales, obreras, deportivas y mucho menos políticas. Sólo existe el Partido Comunista de Cuba y su Unión de Jóvenes Comunistas, que son canteras de funcionarios para el gobierno y el Estado. Ya que llegamos aquí, es necesario distinguir Gobierno de Estado: El Estado es lo que permanece; la representación de Cuba en la bandera, el escudo y el himno. El gobierno lo forma la Administración, distinta en el tiempo y perecedera. Los gobiernos cambian; el Estado permanece. Esto ocurre usualmente, pero en Cuba, Estado, gobierno y partido es una misma cosa, no cambia.

Muchas personas emigran si pueden; otras sobreviven como pueden. Los funcionarios viven bien; el pueblo vive mal. A los que disienten de este estado de cosas, les va muy mal. Son expulsados de su trabajo, encarcelados, atacados por turbas gubernamentales y repudiados. No existe lo que Benito Juárez consideraba como fundamental: que “el respeto al derecho ajeno es la paz tanto entre personas como entre Estados”.

El psiquiatra argentino José Ingenieros escribió a principios del Siglo XX La Simulación en la Lucha por la Vida. Este escritor tuvo mucha influencia en la primera mitad del Siglo XX, y en la actualidad el cubano que no lo conoce porque no se publica ni se habla de él, tiene en la simulación y acatamiento del gobierno la forma de sobrevivir y no buscarse problemas. Conste que Ingenieros era socialista e influyó mucho en Mella y demás izquierdistas de su época, pero como él dice, la simulación destruye la personalidad; de ahí el número extraordinario de suicidios y enfermedades mentales en Cuba. Por las calles pasan personas hablando solas, y cuando hablan con alguien, lo que dicen asusta. Somos un pueblo enfermo que necesita libertad y democracia.

La libertad y democracia es como el aire que respiramos: cuando los tenemos, no los valoramos; cuando los perdemos, morimos. El pueblo cubano sobrevive, no vive. Sobrevive como puede. La vida de los intelectuales es peor, porque se dan cuenta de lo que tienen que hacer para mantener el trabajito que sostiene a su familia y sufren de angustia existencial profunda. No pueden estar de acuerdo en participar en actos de repudio a pacíficas personas, pero algunos lo hacen por miedo y debilidad. Por eso no se consideran y hablan poco y con cuidado. El miedo no forma la personalidad ni forma ciudadanos. Es la gran contradicción del gobierno cubano: tiene que reprimir para gobernar, pero el gobierno se forma con simuladores que en cualquier momento muestran su voluntad interior, y pasa lo que pasó en la URSS y otros países socialistas: se pronuncian por el cambio.

No todos simulan o acatan el despotismo. Los pocos que disienten —llámense como se llamen: opositores o demócratas— son echados de sus trabajos y penados a largos años. En el peor de los casos, condenados a muerte. En la Constitución de 1940 se abolió por la Asamblea Constituyente —a la que fueron elegidos lo mejor de Cuba y de los múltiples partidos—, cosa que hoy es común en el mundo. Fue restablecida en 1959 hasta hoy. Los países de la Unión Europea y la mayoría de los países del mundo son abolicionistas. Sólo en pocos —mayormente totalitarios— persiste la muerte como pena. En EE.UU. hay estados que la tienen —como Texas—; otros son abolicionistas —como California—. En criminología se ha probado que la pena de muerte no evita los delitos; que éstos tienen un origen social y es la profilaxis de la sociedad la que los evita.

Los pequeños grupos de demócratas cubanos viven en terribles condiciones; los que no están presos son hostilizados, registrados, golpeados e injuriados constantemente. Los grupos de acción rápida del gobierno pueden impedirles la salida de su casa (una especie de prisión domiciliaria).

¿Qué derechos tienen los cubanos? No pueden protestar las decisiones del gobierno ni expresar su pensamiento. A los presos se les remite a su casa por una licencia extrapenal —que es una especie de prisión domiciliaria— cuando están muy enfermos o hay una gran protesta en el mundo. La última amnistía política se produjo en mayo de 1955; en ella fueron liberados los moncadistas. No ha habido tampoco indultos. Se puede derogar la licencia extrapenal y encarcelar nuevamente a las personas. El gobierno es omnímodo.

La Emigración —que es mucha— ayuda a los que se quedaron con dinero y apoyo moral. Denuncian la opresión e informan al mundo lo que pasa y no se sabe por la censura. Los periodistas independientes —perseguidos y encarcelados— ayudan a conocer algo de lo que sucede en Cuba, pues hay una censura total.

Los grupos democráticos son infiltrados por el gobierno, que se entera de cualquier reunión y la sabotea. La solidaridad debe ser robustecida, ya que los principios fundamentales (libertad individual, democracia política y excarcelación de presos) son comunes; pero no siempre esta solidaridad lógica se da. Han ocurrido casos de entorpecimiento entre los grupos, y esto beneficia sólo al gobierno, que fomenta estas disensiones. Si todos somos reprimidos, todos debemos solidarizarnos y excluir todo tipo de sectarismo. El mundo nos mira. Somos pocos e indefensos del gran Leviatán que nos oprime.

La Constitución de 1976 que realizó una comisión gubernamental, no apoya la libertad de la persona. Algunos pocos artículos tomados de la Constitución de 1940 no se cumplen. En la sección de derechos y deberes de la Constitución hay un artículo que plantea que ninguno de esos derechos puede ser utilizado contra el deseo del pueblo cubano de construir el socialismo. Hace pocos años se añadió una enmienda por la cual no se puede cambiar en nada la Constitución de 1976, pese a que hay un artículo (el 137) que indica cómo modificarla. El derecho es nulo en la Cuba actual, y para todo el pueblo —y los abogados en particular— es una farsa.

Cuando se acudió al artículo 88, inciso g), y se recogieron firmas para que con 10,000 se hiciera una proposición de ley para un referendo, no se divulgó, y poco tiempo después se encarceló a muchos activistas y se recogieron dos veces más de 10,000 firmas. El hábeas corpus, que estaba en la Constitución de 1940, hoy está en la Ley de Procedimiento Penal y no se cumple; son muchos los casos (hasta de abogados) que han cumplido meses y años sin celebrárseles juicio. Los abogados que pueden ejercer tienen que pertenecer a la asociación de juristas, que los expulsa o no les da entrada. El Decreto-Ley 81, que norma los derechos de los abogados, no se cumple. Sencillamente, estamos en un estado de indefensión.

* Manuel Fernández Rocha: Graduado en la Universidad de La Habana en las carreras de Historia y de Derecho. Entre los abogados agramontistas residentes en Cuba es uno de los más antiguos. Es fundador y Presidente del Foro de Estudios Históricos, y en esta condición se ha adherido a distintos proyectos opositores, tales como Concilio Cubano, el Proyecto Varela, la Iniciativa por la Patria de Todos y la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Reside en La Habana.

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